CAPÍTULO III

1490 Words
Yo escondido en mi habitación mientras una guerra le aguardaba a mi madre. Ella exclamaba ¡No más, no más! Y en ese instante escuché el cinturón de mi progenitor, él lo tomaba con ambas manos, lo encogía y lo tensaba con fuerza, recuerdo exactamente como lo hace y ese sonido es inconfundible. No sé cómo pudo ser capaz de golpearla, de pegarle con ese cinturón de cuero...¡Es una bestia! Me repetía a mi mismo. Ella cae al piso pero supuse que antes estuvo de rodillas, observé por la hendija de la puerta como se desplomo por completo. Me quedé llorando como un bebé por su madre, quería salir a verla, para ayudarla pero 3 golpes a mi puerta fueron la advertencia de mi progenitor y con ello de su boca salió ¡Más vale que te quedes encerrado!. Me temo que fue lo más sutil que escuché, había descargado toda su ira con mi mamá. Pensé que todo había terminado pero para ese señor apenas era sólo el inicio. Escuché el sonido del candado del cuarto de las torturas, todos mis hermanos salieron de él, mi progenitor les exigió no acercarse a mi madre. No sé en qué condiciones la había dejado, estaba sollozando tendida en el piso. Una de mis hermanas intentó ayudarla pero mi hermano la empujó contra la pared. Las otras exclamaban ¡No seas como él, no seas como él! Sabía a quién se refería. Este no iba a permitir que ella se expresara de ese modo...mi mamá pudo levantarse y pedía que dejaran de tratarse mal, que éramos hermanos...poco le importaba sus comentarios, así que comenzó en su intento de ahorcar a mi hermana, los escuché gritar a todos, me levanté y volví a mi cama, empecé a llorar, golpeaba mi almohada, sentía coraje...¡Los odio a todos, los odio!. Mi progenitor se acercó a ellos y los golpeó, los envió a cada uno entró a su habitación. Esa fue mi cena, amarga comida que nunca pedí...tenía la necesidad de ir por mi mamá pero el miedo terminó consumiendo la poca valentía que pude haber tenido. Tomé uno de mis cuadernos para buscar la nota de Blanca, su aroma y recordar ese momento era lo único que me llenaba de paz...me quedé dormido con ella sobre mi pecho. Eran las 6.00am y un golpe fuerte a mi puerta me despierta ¡Levántate maricon! Mi hermano se expresó. Yo no me atrevía a responderle, me levanté enseguida, me di un baño, me vestí, tomé mis cosas y salí de mi habitación. Pensé que él seguía parado allí pero sólo por esa vez no lo estuvo. Me dirigí hacia la cocina, sabía que mi mami estaría preparando el desayuno a mi progenitor, solía ser muy cuidadoso, no toparme con ninguno de ellos era mi propósito. Pero no corrí con suerte, estaban sentados mientras ella cocinaba, era como si estuviera bajo vigilancia. Por más que quise no pude acercarme. Le pedí la bendición, sentí como si destrozaran mi corazón, necesitaba sus abrazos, mirarla a los ojos, su aroma. Ella no volteo a verme y eso me dejó preocupado, no sé cuan fuerte haya sido golpeada que le avergüenza mostrarse ante mí, por un instante pensé que ese par de desquiciados la tenían amenazada. Me di la vuelta y salí de casa, de camino a la escuela lloraba y secaba mis lágrimas ¡Tal vez él tenga razón, soy un maricon! ¡No puedo enfrentarme a ellos!¡No puedo defender a mi mamá!...sentía perder la cordura. Finalmente llegué a la escuela, mis compañeros estaban afuera esperando por mí como usualmente hacían. Entramos juntos al salón, Blanca estaba allí, había tomado asiento justo a mi lado, me hizo señas, me acerqué hasta ella, extendimos nuestras manos y la estrechamos. Al mirarla a sus preciosos ojos lograba olvidar la pesadilla que vivía en mi casa. La maestra de lenguaje Susan Duarte se disponía a impartir el tema del día, la poesía, la redacción parecía mucho para mí pero ella era una persona especial, cariñosa con todos sus alumnos y buscaba la forma para que su lección sea aprendida. Recuerdo que pidió escribir dos líneas y en estas debía expresarse el amor hacia alguien. ¿Algún voluntario? Preguntó, nadie tuvo la valentía de pararse frente a todos en la clase y leer su tarea. Escuché a mis amigos llamar a mi nombre, me puse nervioso, aún no la había terminado y tampoco sabía si estaba o no bien. ¿Jean? Descuida, levántate, aquí nadie se burla de sus compañeros. Me sonroje, seguí sus instrucciones, no podía tragar mi propia saliva, la niña a la que dediqué esas líneas estaba sentada a mi lado. Sude mucho, ella me tomó de la mano y yo sentía que podía desmayarme. Maestra tal vez esto no sea correcto le hablé a la señorita Duarte. Sin miedo Jean, ya estás de pie, respira y deja fluir tus sentimientos. Entonces agarré mi cuaderno, aunque no me sentía listo empecé a leer. "Pude ver en tus hermosos ojos cafés la tranquilidad que me hacía falta" expresé, unas compañeras aplaudían y eso me intimido. Bajé mi rostro y tomé asiento, no quería ver a Blanca aún, escribí para ella y quizás era inapropiado. Sonó la campana y salimos al receso, mis amigos me llenaban de preguntas y yo sólo los ignoraba. Jugamos con un balón mientras mi amiga se encontraba rodeada de otras chicas platicando. Esperaba que no se tratase de mí, sería incómodo. Aquel chico a quién días antes golpeé estuvo merodeando por los alrededores, no sabía si quería pelear conmigo y de haber sido así, me invente una salida, era la mejor manera de evadirlo y así no ganarme una citatoria. Terminó el receso, vimos 3 clases más, faltaban 5 minutos para salir de la escuela, necesitaba tronar mis dedos y mi cuello pero no quería que Blanca me observara mientras lo hacía. Así que le pedí a mi maestra permiso para ir al baño, a escondidas no sería problema. No tienen idea de cuánto alivio sentía al hacerlo, liberaba cierta tensión. Luego me dirigí hasta la salida y escuché a alguien hablarme ¡Fenómeno, un día de estos lograras desarmarte! Y si, era Víctor el chico a quien golpee en la nariz. No me despedí de nadie y salí corriendo hacia mi casa. A mitad de camino Gustavo, Anthony, Sebastián mis mejores amigos me invitaron a jugar canicas cerca de la escuela, no dude y fui con ellos. Todo lo necesario para no regresar a casa temprano me hacía bien, aunque corriera riesgo. Nos divertimos mucho, era un excelente jugador, de hecho me gane todas las canicas, sus colores eran impresionantes, había una en particular que se asemejaba al color de los ojos de Blanca. Estaba oscureciendo, observé mi reloj, me distraje por muchas horas, sentí miedo, sabía que recibiría mi castigo al llegar a casa. Debía disimular ante mis amigos, entonces tomé mis canicas y me hice la señal de la cruz, no sé si eso me salvaría pero solía ver a mi mamá hacerlo al terminar de orar. Estaba parado en frente de la puerta de mi casa, mis manos sudaban, las luces apagadas, nadie por los alrededores, debía entrar. Giré la manilla, el olor a alcohol estaba fuerte, como si lo hubiesen rociado por todos lados. Me dirigí hacia mi habitación, no podía ser visto ni por mi progenitor ni por mi hermano. Me di un baño y me acosté a dormir, ese día no había comido nada, hubiese sido una locura siquiera levantarme para buscar algo de comer. Esos dos debían estar como leones esperando atacar a su presa y lo peor ebrios. Metí la mano debajo de mi almohada para buscar la nota de Blanca y así poder conciliar mi sueño. No lo encontré, sólo tenía una de las canicas en mi mano, estaba triste ¿Cómo pude extraviar esa nota?. ¡Mariquita, sal de tu castillo! ¡Estás enamorada! Con ese tono de voz que tanto odio, bajo el efecto del alcohol me hablaba a la puerta de la habitación mi hermano. Me escondí bajo las sábanas, me causaba mucho miedo, su presencia, todo en cuanto a él o a mi padre era una película de terror. Me quedé llorando mientras presionaba mi canica favorita. El sueño y cansancio me venció, me libre del castigo por esa noche...pensé. ¿Está nota es tuya? Me preguntó mi hermano cerca a mi almohada, en sus ojos vi al demonio, eran llenos de odio, de su boca salía el olor a alcohol y a cigarrillo. No sabía qué responder, él era malo conmigo. ¡Maldición! ¿Es tuya o no? Insistió en saber. Empecé a llorar, me mostré vulnerable ante él. Se reía de mí, tomó un encendedor y el fuego consumió la nota de Blanca. ¡Ahora duérmete marica! Me dijo mientras presionaba mi cabeza sobre la almohada.
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