Por Roque Pasaron los meses e Irina no volvió a comunicarse conmigo, eso me volvía loco. Varias veces por semana me desviaba camino hacía algún lugar y pasaba por la puerta de su domicilio, ahí fue cuando la vi hablando con obreros y unos días después vi un cartel inmenso que decía IrKro, tu instituto de idiomas. Había pequeñas banderas de varios países, y una dirección de la página web del lugar y como se la ubicaba en las distintas r************* . Estaba emocionado, pensando que ella saldría adelante con o sin la empresa de su padre. A los pocos días Rosie entró a mi oficina. -La mosquita muerta es maestra, es una idiota, pensá bien que hacer, porque quiero sus acciones en esta empresa. -¿Otra vez con lo mismo? Le pregunto enojado. -Es lo de siempre, sos mi novio, y no me queré

