YO LA PROTEGERÉ

1222 Words
Leiah lo miraba fijamente, estaba perdida en esa mirada. — Será mejor que me vaya a recostar. — Si yo la llevo. Diogo la tomo en brazos y ella se aferro a su cuello. La depósito suavemente sobre la cama y luego quiso examinar su tobillo. — ¿puedo ver su tobillo? — Claro. El lo masajeo con mucho cuidado, sus manos eran mágicas para ella. — Nunca le pregunte ¿qué poder tiene? — El poder del agua. — Es un poder sorprendente. — Pero no tengo control total sobre el, solo puedo ocupar una pequeña parte. — Aun así, es especial. Me gustaría verlo alguna vez. — Cuando ya me pueda levantar, te lo puedo enseñar. Podemos ir al mismo algo. — Ahora sin perderse. Ambos rieron, ya no había tensión entre ellos. Disfrutaron el día juntos, ella por primera vez se sintió en casa. — Debo irme, seguro el príncipe llegará luego. Leiah se sintió un poco triste, no quería que el se fuera, pero tampoco lo admitiria. — Vendrás mañana, para que me lleves al balcón. — Yo vendré siempre que usted me lo pida. Diogo se acercó a ella y le tomo su mano para besarla. Sus miradas se cruzaron, eran morado contra azul. — Hasta mañana mi princesa. Leiah dio un suspiro cuando salió por la puerta. Se tapa el rostro con el almohada y pego un pequeño grito. Se sentía ilusionada, emocionada y muchas emociones más que ella desconocía. Estaba feliz y su deseo que era que todos sus días fueran así. Siento la puerta y pensó que era Damiáno. Pero gran sorpresa se llevó cuando Fersen entró por la puerta. — ¿por que entro sin tocar? - le reclamo furiosa. — Es mi reino, mi palacio - dijo el de forma arrogante - Puedo entrar donde quiera sin preguntar. Dijo esa frase con doble intención, y Leiah lo entendió. Sintió miedo y desesperación, no quería admitirlo en voz alta pero si sentía un miedo cuando tenía Fersen cerca. — Solo vine para ver como estabas, supe sobrr tu accidente. Fersen había estado ausente unos días, había ido nuevamente al acantilado. Quería ver si tenía éxito matando a los huevos de dragón, pero como siempre fracaso. — No necesita ver nada, ahora le pido que se retiré. — Solo quiero ver si estas bien. El estaba a punto de abrir sus sabana, cuando Diogo apareció por la puerta. — Algún problema mi princesa. Diogo quería matarlo, queria cortale sus asquerosas manos. Por que sabía las intenciones que el tenía. — Largate de aquí, como te atreves a entrar así. — No me ire - se acercó a la cama - Solo la princesa puede darme ordenes. — Yo soy el maldito rey. Tu recibes mis ordenes, asique largate. — Soy oficialmente el caballero de la princesa, solo recibo ordenes de ella. — Eso lo decido yo - Fersen estaba furioso, nunca nadie lo había lo desafiando así, menos un sirviente. — No es verdad, Diogo ahora me pertenece. Asique el único que saldrá de mi habitación, es usted. Fersen salió tirando un portazo con su dignidad por el suelo. Pero no dejaría las cosas así. — Mi princesa, esta bien. — ¿por que volviste? — Le dije que estaría al pendiente, en cuanto supe que el rey venía para acá... No lo dude. A Leiah casi se le para el corazón. Tenía ganas de abrazarlo, besarlo y no soltarlo nunca más. — Gracias, pero esto podría traerte problemas. — No me importa - se acercó a ella y tomo su mano - Yo siempre la protegeré. No me importa tener que enfrentarme al mismo rey, no dejaré que nadie le haga daño. Sus manos estaban juntas, y ninguno tenía la intención de soltarse. Se miraron fijamente y pequeños destello salieron de sus ojos. Era una conexión, como si estuvieran destinados para estar juntos. — No dejaré que esto te cause problemas - Leiah acarició su mejilla - Aunque creeme, se cuidarme sola. Eso a Diogo no le importo, por que aun así... Haría lo que fuera por ella. Se quedaron por mucho tiempo, mirándose y tocandose tiernamente. No sabían que sentían el uno por el otro. Pero sabian una cosa, no podían estar separados. — Interrumpo algo. Damiáno entro en la habitación y se sorprendió por ver tan intimida escena. En sus ojos no habían celos, solo una confusión notable. — Príncipe - Diogo se levantó rápido de la cama - Solo le estaba haciendo compañía a la princesa. Damiáno no quedo convencido con esa explicación. Sabía muy bien el significado de esas miradas. Por que el las tenía con Tristán. — Mi padre me contó lo que paso, espero que tengas una buena explicación para haberlo corrido. — El no lo corrió - Leiah alzó la voz - Tu padre entró aquí sin tocar, yo le dije que se fuera y no me hizo caso. — Es mi padre, puede entrar a mi habitación cuando quiera. Diogo tenía ganas de golpearlo, el sabia que Damiáno era cobarde, pero esto ya era una ridículez. — Tal vez cuando eras soltero, ahora eres un hombre casado y comparte la habitación conmigo. — Diogo, dejanos solos - le apuntó con el dedo - Después hablaremos tu y yo. Diogo le dio la última mirada a Leiah y salió dejandolos solos. — Eres un maldito cobarde. — Cuida tus palabras Leiah. — Es la verdad, tu padre me desnuda con la mirada y tu no haces nada. Sabes que si le digo de esto a mi padre, es capaz de destruirlos. — Mi padre no te mira de ninguna forma. — Eres tan ingenuo Damiáno, tienes una venda en los ojos y no quieres ver la realidad. — Ya basta, Diogo no será más tu caballero. — Eso lo decido yo, no tu. — Leiah. — Es mi decisión y el seguirá siendo mi caballero, te quedo claro. Se dio media vuelta y se tapó con las sábanas. Estaba molesta, no entendía como Damiáno podía ser tan estúpido. Damiáno por su parte salió a caminar, necesitaba despejarse. Odiaba todo lo que estaba pasando en su vida, el sabía mejor que nadie que era un cobarde. Pero no podía hacer nada contra eso. Se encontró con Diogo en el jardín, ambos se miraron y no fue una mirada amistosa como solía serla. — Te gusta mi esposa ¿verdad? Se conocían de toda la vida, asique Damiáno supo que algo pasaba ahi. — Príncipe... — Dime Damiáno, estamos solos. — Damiáno - Diogo lo miro lo directo a los ojos - Me agrada, es una buena mujer y la voy a proteger. — Proteger de que - replicó Damiáno. — De tu padre, del rey Fersen. — Qué tiene que ver mi padre en esto esto. Diogo no entendía si Damiáno realmente no había dado cuenta o se estaba haciendo el ciego, como siempre. — Ella siente que la mira con deseo, y eso a ella le produce asco. — Son imaginaciones de ella, mi padre no haría eso. — ¿de verdad Damiáno? Tu lo conoces mejor yo ¿de verdad piensas eso? ¿Piensas que tu padre no mira a tu esposa con deseo? Damiáno no respondió, por que sabía... Que eso si podía pasar.
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