Leiah estaba acostada en su cama, ya se sentia mucho mejor de su tobillo. Pero aún así estaba esperando a Diogo para que la cargue hacia el balcón.
No le gustaba depender de los demás, pero con el era diferente.
Tocaron la puerta y ella se puso feliz, por que sabía que era Diogo.
— Adelante.
— Buenos días mi princesa.
Diogo llego con esa mirada pacífica, esa mirada que le daba calma entre medio de la tormenta.
— Se encuentra mejor, como sigue su tobillo.
— Creo que mejor, pero no creo poder apoyarlo aún - Mintió, por que ya podía apoyarlo.
— Quiere que le haga un masaje.
— Si, por favor.
Diogo se sentó a un lado de la cama y levantó la sabana para que ella sacara su pie.
Lo tomo con delicadeza y empezó a masajearlo. Era suave, preciso y eso la estaba volviendo loca.
— Aahh..
— Le dolió, perdóneme.
Ella se sonrojo, por que no fue un gemido de dolor, fue un gemido de placer.
Pero ella jamás lo admitiria.
— No, estoy bien. Ya fue suficiente del masaje, me puedes llevar al balcón mejor.
El soltó su pie y se levantó para cargarla en brazos.
Camino con ella hasta el balcon donde la sentó.
— Siéntate conmigo - Leiah lo miro directo a los ojos - Me gusta tu compañía.
Diogo se quedo mudo, se estaba haciendo muchas ilusiones con ella y eso estaba mal.
El no debía quererla ni mucho menos desearla. Pero esto que sentía, era mucho más fuerte que el.
El solo se sentó en silencio, y a una distancia prudente.
Eso hirió un poco a Leiah, de hecho pensó que tal vez el no disfrutaba de su compañía.
— ¿dije algo malo?
— No mi princesa.
— Entonces ¿por que estas tan callado?
Diogo no respondió de inmediato, por que no encontraba las palabras correctas.
— Mira, si esto para ti es una molestia no tienes por que hacerlo - le dijo enojada y herida.
Ella se levantó, su tobillo ya estaba bien, pero aún así perdió el equilibrio.
Diogo se levantó rápido para agarrarla en sus brazos. La sujeto fuerte de la cintura y eso los estaba quemando.
Se miraron directo a los ojos, el mundo dejó de existir y en ese momento solo existían ellos.
Esa maldita atracción que no los dejaba dormir, esa tensión s****l qué ambos tenían, pero ninguno era capaz de dar el primer paso.
— No debió levantarse así, aún esta lastimada.
Ella no podía hablar, estaba hipnotizada mirándolo. Era su vista favorita de todos los días.
— No me molesta su compañía, es todo lo contrario - le dijo mientras acariciaba su cintura inconscientemente - Disfruto tenerla cerca, eso no lo dude nunca.
Estaban muy cerca, podían sentir la respiración del otro.
Si seguían así, se terminarían besando. No era correcto, pero ambos lo deseaban. Lo necesitaban.
— Diogo...
— Mi princesa.
Leiah se aferro a su cuello, pero no lo beso. Solo se quedo contemplando ese rostro hermoso y sereno que el tenía.
Juntaron sus frentes y ambos suspiraron.
— Debería irme - susurro Diogo en sus labios - Esto está mal.
Leiah no quería que se fuera, quería seguir así con el.
Pero también sabía que eso estaba mal. Ella se aferro más a él y escondió su rostro en su cuello.
Su olor la volvió loca, todo de el enrealidad.
— No quiero que te vallas, no se que me pasa contigo.
Expreso sus pensamientos, con el no podía fingir. Le inspiraba una confianza única.
— Mi princesa... - Diogo se separa de ella - Debo irme.
Salió casi corriendo de la habitación, el sabía que si seguía ahí... Terminaria cometiendo una locura.
Le gustaba y ella también gustaba de él, de eso ya no tenía dudas.
Pero no era posible, no podrían estar juntos aunque quisieran.
Al salir se topo con Damiáno, el no lo miro con buenos ojos.
— Estabas con Leiah.
— Si - respondió bajando la mirada.
— Diogo, si mi padre se llega a enterar de sus miradas... No podré defenderte.
— Cuando has defendido a alguien de tu padre.
Damiáno abrió grande sus ojos, no esperaba esa respuesta de Diogo.
— Es el rey - fue lo unico que dijo.
Diogo solo se rio, era inútil discutir con el.
— Buenas noches príncipe.
Diogo odiaba todas las injusticias del lado sur. Siempre ayudaba a los lastimados, lo hacía en secreto para que Fersen no supiera.
De hecho a muchos los hizo pasar por muertos, y les consiguió refugio en el reino humano.
Era un trato inhumano, los castigos eran terribles y el trataba de hacer todo lo que estaba en sus manos.
Pero era poco lo que el podía hacer.
Llego a su habitación y se acostó en la cama.
Estaba excitado, sentir a Leiah tan cerca lo estaba matando.
Se sacó la ropa y su mano se fue sola en dirección a su m*****o.
El no estaba acostumbrado a ese tipo de cosas, si ha estado con otras mujeres, pero ni siquiera cuando estuvo con esas mujeres, sintió lo que siente cuando esta con Leiah.
Su mirada, su figura, sus labios, esos gemidos qué el sabia que no eran por el dolor.
Todo eso pensaba mientras se tocaba. Pensaba en ella.
Cuando alcanzo su climax, no quedo satisfecho, sabía que solo ella podría satisfacerlo.
Pero era un imposible, algo prohibido.
Se quedo tirado en la cama mirando el techo.
¿Como podre quitarla de mi mente? ¿Como puedo desearla tanto? ¿ Podré olvidarla alguna vez?
Esas eran las preguntas que se hacía, y ninguna tenía respuesta.
Solo tenía que aprender a controlarse, pero eso sería difícil.
La única forma era alejarse de ella. Pero no podía, ni quería hacerlo.
Por que ahora ella formaba parte de su vida.
.......
Leiah se quedo parada en el balcón, miro el cielo y suspiro.
— ¿por que se fue? - susurro hacia el viento.
Sabía que estaba mal sentir eso, pero no le importaba.
Queria su compañía, sentirlo cerca, aunque no llegarán a más.
Se preguntaba si esto cambiaría algo entre ellos, si el se alejaría.
Eso hizo que le doliera el corazón, por que aunque no tenían absolutamente nada, ya lo sentía de ella.