Decir que estoy conmocionada sería muy poco comparado con lo que en realidad siento. Mi postre por fin llega después de esperarlo por diez minutos y a pesar de que es mi favorito y realmente debería aprovechar una buena comida después de tanto tiempo comiendo papel, no me sabe a nada y tengo que comérmelo a la fuerza. Mis labios aun están hormigueando y hay una sensación de mi estómago retorcido a mi corazón que palpita como loco que sé identificar muy bien. Es lo mismo que sentí cuando supe que me aceptaron en mi universidad favorita para estudiar diseño de modas. Es lo mismo que sentí cuando besé por primera vez a mi primer amor, Juanito, en la secundaria. Es lo mismo que siento cada vez que mis padres me dicen que iremos de vacaciones a un lugar exótico los tres juntos y pasaremos tie

