Nos separamos, nos tomamos de la mano, apretando nuestras nalgas y empezamos a retorcernos. Ambos miramos a papá, quien nos devolvió la mirada, absorto en el espectáculo que le ofrecíamos. Nos retorcimos uno contra el otro, al ritmo de la música que había elegido. Estaba enganchado, ahora solo tenía que controlarlo... Sin decir palabra, nos recostamos sobre sus muslos, de frente, con las nalgas contra sus caderas y su enorme erección encajada entre nuestras piernas. Lentamente, nos movimos contra él, cada uno con una mano sobre sus pechos mientras nos ondulamos hipnóticamente. Sentía su corazón latir con fuerza en su pecho y, por la presión contenida que ejercía sobre mi pecho, supe que ansiaba más. Jadeé y me estremecí contra él mientras sus dedos me pellizcaban suavemente el pezón y oí

