Hizo unas cuantas repeticiones más y luego se dirigió a la máquina de prensa pectoral, se tumbó en el banco y Karli y yo le pusimos el peso. Empezó a levantar y bajar mientras observábamos su pecho, sus poderosos músculos ondulando con el esfuerzo. Karli se arrodilló a su lado y recorrió con las uñas los abultados músculos de su pecho. —Me encanta cómo funcionan los cuerpos masculinos—, comentó con naturalidad. —Son tan brutales y poderosos. —¿Brutal?—preguntó papá frunciendo el ceño. —Claro que sí, de una forma sexy—, respondió ella. —No estuviste allí anoche como Evie y yo en esa pelea. Volvió a fruncir el ceño. —¿Esa cosa te excita? ¿En serio? No le respondimos realmente, simplemente seguimos observándolo mientras empujaba las placas de metal arriba y abajo. Observé cómo la onda se

