Se fueron por más de una hora, ya que también tuvieron que pasar por casa de Karli. Casi me dio pena mi papá, pues sabía que se dejaría convencer para entrar y probar algún plato horrible que la mamá de Karli había preparado. Siempre intentaba combinar la cocina del sudeste asiático con la comida tradicional, y los resultados solían ser desastrosos, un «desastre», como a Karli le gustaba llamarlos. Había otro pequeño beneficio en que papá la llevara a casa, y era que la madre de Karli sin duda encontraría formas de ligar con él y, aunque no era una mujer fea, no había duda de que Karli y yo éramos las chicas más sexys del mundo en comparación, y él volvería a casa y se encontraría con eso después de escapar por los pelos de sus garras de pollo frito al curry. Sonreí con suficiencia mient

