Sin miedo o duda alguna, Alejandra se subió a la gran camioneta blindada, casi tan larga como una limosina y partió junto a Simón al aeropuerto, estaba un poco nerviosa, no sabía de qué hablar con el hombre, pero para su suerte él tenía mucho que preguntar. — ¿Y quiénes son los que faltan? — pregunto rompiendo el hielo. — ¿No conoces a mi familia? — eso le pareció raro, todo aquel que leyera un periódico, navegara por internet, viera los programas de farándula, o noticias, sabían quiénes eran los Zabet. — A decir verdad, no suelo prestar atención a las familias, además Gio no es muy amante de hablar de ustedes y yo no soy de perder mi tiempo viendo tele y menos leyendo algún periódico. — Deberías comenzar a hacerlo, incluso hasta las monjas saben quiénes son mi familia. — eso llamo la

