Bastián sintió una profunda impotencia al escuchar el llanto desgarrador de Amaia a través del teléfono. Su corazón se contrajo dolorosamente en su pecho, anhelando poder traspasar la distancia que los separaba y estar allí con ella en ese momento tan difícil. Quería envolverla en sus brazos, protegerla del mundo y hacerle saber que no estaba sola en esta batalla. Porque la realidad era que Amaia nunca estaría sola mientras él existiera; Bastián estaba dispuesto a mover cielo y tierra para apoyarla con todos los recursos necesarios, fueran estos emocionales, legales o económicos. —Ellos te aman, no te dejarán sola —le recordó con voz suave. Bastián esperaba que esas palabras pudieran reconfortarla aunque fuera un poco. Él sabía que los hijos de Amaia la adoraban, y confiaba en que ese am

