Al día siguiente, cuando Diego estaba a punto de ir a dejar a los niños en la escuela, se detuvo en seco frente al televisor de la sala. La rutina matutina, que normalmente transcurría entre risas infantiles y el aroma del café recién hecho, se vio bruscamente interrumpida por las noticias que inundaban la pantalla. Diego sintió como si el suelo se desmoronara bajo sus pies al ver su fotografía apareciendo en todos los canales de noticias. Los titulares sensacionalistas gritaban acusaciones de fraude y estafa masiva, señalándolo a él, su padre y esposa como estafadores, a esta última como el cerebro detrás de un esquema financiero que había dejado a cientos de familias en la ruina. La sangre le hervía en las venas mientras observaba a los presentadores de noticias diseccionando su vida

