Amaia sabía que no podía escapar, aunque se le hiciera difícil debía enfrentar esta situación y, debería ser lo más antes posible. El corazón le latía con fuerza en el pecho, y sentía un nudo en la garganta que amenazaba con ahogarla. Sus manos sudorosas se aferraban al borde de su vestido, arrugando la delicada tela. —Está bien —musitó dejando rodar gruesa saliva, su voz apenas audible—, pero antes quisiera despedirme de mi hermana. —Adelante —se abrió paso para que ella pasara, su imponente figura creando un estrecho pasillo por el que Amaia debía atravesar. Amaia le regaló una sonrisa tímida, sus labios temblando ligeramente. Reprimió la respiración, sintiendo cómo el aire se quedaba atrapado en sus pulmones, y cuando estaba pasando por el lado de Bastián, este la tomó del brazo con

