El mes que se avecinaba para Amaia Roble prometía ser una de los más agitados y estresantes de su vida. Entre los compromisos escolares de sus hijos, las exigencias de su trabajo en el hotel de cinco estrellas y las reuniones con su abogado para preparar el caso de divorcio, Amaia sentía que apenas tendría tiempo para respirar. La semana comenzó con el pie izquierdo. Amaia se despertó sobresaltada al darse cuenta de que había olvidado programar la alarma. Tuvo que apresurarse a alistar a sus hijos para la escuela. Mientras conducía hacia la institución educativa, recordó que esa semana habría presentaciones especiales de fin de curso y que debía asistir a todas ellas. Al llegar al hotel, Amaia se encontró con un caos organizado. El vestíbulo estaba lleno de decoradores y organizadores de

