Con pasos firmes, Diego avanzó por el pasillo principal escoltado por dos oficiales de policía. Sus ojos recorrían las paredes, buscando una salida inexistente a esta pesadilla que se había convertido su vida en cuestión de horas. Al llegar a la sala de interrogatorios, Diego se sentó frente a un detective de rostro severo y mirada penetrante. El hombre abrió una carpeta llena de documentos y fotografías, y comenzó el interrogatorio sin más preámbulos. —Señor Guzmán —dijo el detective con voz grave—, está usted aquí para dar su declaración sobre los hechos que lo vinculan con Vivian Blackwood, conocida estafadora internacional. ¿Qué tiene que decir al respecto? Diego respiró hondo, intentando calmar sus nervios antes de hablar. —Detective, le aseguro que no estoy involucrado en nada d

