Apenas la puerta se cerró con un suave clic, Patricia giró lentamente sobre sus talones, su mirada recorriendo la sala hasta posarse en sus sobrinos. Sus ojos, cargados de preocupación, se detuvieron en cada uno de los rostros infantiles que la observaban con rebeldía. Un suspiro escapó de sus labios mientras sus pensamientos volaban hacia su hermana Amaia. La imagen de Amaia, radiante al momento de partir se materializó en su mente. Patricia recordó la sonrisa amplia que iluminaba el rostro de su hermana, el brillo especial en sus ojos cuando se despidió. Casi podía escuchar la risa melodiosa de Amaia resonando en sus oídos. Patricia sabía, en lo más profundo de su ser que Amaia necesitaba desesperadamente ese viaje a solas con Bastián. El último año había sido duro para su hermana, cri

