Bastián estaba con la mente abstraída mientras se encontraba sentado detrás de su imponente escritorio. Escuchó el leve toque de la puerta y salió de sus perturbadores pensamientos para responder. —Adelante —dijo, su voz sonando más ronca de lo que esperaba. La puerta se abrió suavemente, y su amada Amaia ingresó a la oficina. Verla fue como un soplo de aire fresco en medio de la tormenta emocional que estaba experimentando. Lucía su casual blusa blanca de cuello, ajustada a su cuerpo de una manera que resaltaba su figura sin ser provocativa. La falda gris hasta las rodillas modelaba sus caderas haciéndola lucir espectacular, profesional y elegante al mismo tiempo. Bastián no pudo evitar que una leve sonrisa se dibujara en sus labios. Verla le dio un aliento de vida, porque segundos atr

