1- Fiesta de máscaras.

2870 Words
Pov: Milo Bruno Duarte Observo mi ropa y asiento aprobando mi aspecto, miro el antifaz que está sobre la cama. Qué estúpido, una fiesta de máscaras me parece tan ridículo, pero algo bueno tiene esto, no tendré que saludar a nadie, ya que no sabrán quién soy. Asistir ya es más que suficiente, es la parte molesta de los clientes, sus invitaciones que de rechazarlas serías descortés. Bajo las escaleras y arqueo una ceja cuando veo a Nerea entrar a mi casa. — ¿Ahora eres experta en cerraduras? —cuestiono serio. Nerea es mi sobrina ahijada, la hija de mi prima mayor, Siena. — Padrino —sonríe tratando de convencerme y niego. — Entrar a propiedad privada sin permiso es un delito, jovencita, y con 20 años ya puedo enviarte a la cárcel —rueda los ojos y se acerca a mí, con esa sonrisa de no romper un plato. — Sabes que esto es legal, solo vine a buscar algo que olvidé la otra vez y no quería que supieras, no te enfades —arqueo una ceja porque de seguro se refiere a la cajetilla de cigarrillos, que lo que menos tenía dentro eran cigarrillos. — ¿Será legal lo que olvidaste? —cuestiono. Mueve la cabeza a los lados y se encoje de hombros. — Es de Gregor, no es mío, así que regáñalo a él —achico los ojos porque ella y mi primo son un problema. No digan nada, tengo una sobrina de la edad de mi primo, familia grande y precoz. — Tú y Gregor... — Somos geniales, lo sabes. Anda, dame la cajetilla de cigarrillos —niego. — La tiré —me encojo de hombros y ella abre la boca espantada. — ¡No! Era el único que conseguimos. La observo acusador. — ¿No era que tú no sabías nada, que era de Gregor? —reclamo. Solo aprieta los dientes y me mira como niña a la que he atrapado, 20 años y ella sigue actuando como una adolescente. — Solo queríamos probar —arqueo una ceja buscando que amplíe su justificación—, es mío, no de Greg, quería convencerlo de probar solo una vez, dicen que el sexo es genial cuando consumes... — Drogas, Nerea, son drogas. Vete y olvídate de tu cajetilla porque ya la he tirado —resopla y se va. — Eres un aguafiestas, a veces pienso que nunca fuiste joven —camina hasta salir por la puerta. — No sirve que finjas enfado, porque luego volverás a pedir que te cubra, es por tu bien, Nerea —mueve la cabeza a modo de burla mientras se marcha. ¡Qué niña más testaruda! Suficiente que encubro sus prácticas con Gregor. A su padre le daría algo si sabe las veces que los encontré con poca ropa en cualquier lugar y las veces que los saqué de la cárcel por tener sexo en su auto. Si supieran que la hija de Maxwell se comporta de ese modo, sería un escándalo. Salgo de mi casa y el auto de Nerea ya está lejos, es que ni siquiera controla su velocidad. Típico de las mujeres, no consigue lo que quiere y se enoja. «También dirás que es una manipuladora que solo te busca por interés» No diría eso de ella, ni de ninguna mujer parte de mi familia, aunque lo hagan, no lo diría. A mí no me hacen daño y no dejo que me usen, les cobro por cada uno de mis servicios, así que nadie me utiliza. De eso hace mucho tiempo. Para ser utilizado, debo caer en la trampa, pero nunca lo hago. Subo a mi auto para dirigirme a la gran fiesta que se festejará en el hotel Hilton. Ser el CEO de la inmobiliaria y constructora más grande del país y de todo América, tiene sus obligaciones. Mejor esto a ser abogado en el bufete de mi familia, que se la pasa solo tomando casos de mujeres siendo las víctimas y la verdad, no puedo con eso cuando no confío en la palabra de ninguna de ellas y prefiero apartarme que pecar de misógino. Estaciono en el hotel y el parqueador toma las llaves mientras bajo con mi antifaz ya puesto, las personas llegan y se anuncian en la entrada, es una fiesta muy exclusiva donde solo entran con invitación o siendo acompañante de alguien más. — Bruno Duarte Milo —me anuncio en la puerta. El administrador mira su lista un momento y me deja pasar. — Que tenga buena noche, señor Bruno Duarte. Entro a la fiesta y la música resuena por todo el salón, hay mesas reservadas, también hay una barra donde muchos eligen beber, todo es muy discreto y la música igual. Una buena fiesta para socializar y hacer negocios, si necesitara buscar clientes de forma desesperada, lo cual no sucede porque los clientes en Gales llegan solos, compiten por obtener nuestra atención. Me paseo por el lugar tomando alguna que otra copa de champaña, aburrido, esa es la verdad, esto es muy aburrido. «Liga» Ni loco, no caería tan bajo como para ligar solo por follar. ¿Para qué? ¿Para que me digan mentiras? No, gracias. «Tú también mientes cuando ligas» Por supuesto, no seré el idiota que es engañado solo por un poco de sexo y unos tragos. «Eres igual» No, porque ya no lo hago más, no haré lo que no me gusta me hagan a mí. «Pues te aburrirás, habiendo tantas mujeres bellas que no sabrán con quién estuvieron a causa del antifaz, te lo pierdes» ¡Déjame en paz! Me siento en la barra y pido un Gin tonic, uno que me tomo lento, mientras veo a las personas bailar, a las mujeres pasar, sonreírme, pero ninguna llama mi atención. Porque huelo cómo son. — ¿Señorita, bebe algo? —volteo a mi derecha por mera inercia al escuchar la voz de barman. — No, gracias, estoy... —ella busca con la mirada a alguien, eso parece. — Esperando que alguien le invite un trago —comento por lo bajo, riendo por lo predecible de la situación. — En realidad, busco a mi acompañante, lo he perdido —arqueo una ceja. Esa excusa es muy vieja. — ¿Y no tienes dinero para pagarte un trago, por eso buscas a tu acompañante? —suspira y se ríe acomodando su pelo a un lado. — Qué ridículo ¿no? En este tipo de fiesta sin dinero para un trago, aunque hay tragos gratis —me mira a los ojos con ese antifaz n***o que trae y el trasparente de sus ojos celestes me baña. — Solo champaña, a muchos no les gusta. ¿Quieres que te invite un trago? —sugiero. La observo con más atención, sus labios pintados de rojo, su piel clara. «¿Qué haces?» Me entretengo, eso dijiste, te hago caso. — La verdad, sí me encantaría un trago, pero no me gustaría abusar de su amabilidad, señor —sonrío y meto mi mano en el bolsillo. Saco mi cartera y la abro dejando a la vista que está vacía, aunque no lo esté. — Diablos, no me ha quedado dinero, pero... —me acerco a ella y veo detrás de su oreja, en su cuello, una marca de nacimiento que parece una media luna y hago un simple truco de magia—, mira, creo que esto es tuyo. Sonríe mostrando los dientes. — ¿Eres mago? —toma el billete que hice aparecer en su cul y me vuelvo al asiento. — Un poco, soy de todo un poco. La clave para ser el hombre perfecto es saber hacer todo, ¿no lo cree? —mira el billete aún asombrada. — Supongo, realmente no se cómo sería el hombre perfecto —bebo de mi vaso. — Como yo, se lo dije —se carcajea. — ¿Presumido? ¿A eso se refiere? —sonrío de lado por lo directa que fue. — Honesto, eso soy. ¿Usted es honesta? Realmente se le perdió su acompañante o solo fue una excusa para hablarme —se carcajea. — ¿Por qué cree que buscaría excusas para hablarle? No las necesito, las excusas son tontas, si yo lo hubiera visto y quisiera hablarle, lo habría hecho sin excusas, le diría que me parece muy sexy su barba, que sus ojos azules son deslumbrantes y que la forma en que habla, su tono de voz es como, hipnotizarte —la miro fijo y serio. ¿Acaso quiere jugar? No le creo nada, está solo endulzándome el oído. — Y eso solo lo descubrí en esta pequeña breve conversación que tuvimos, así que eso solo promete que usted sin dudas es alguien que presume aspectos que sí posee, pero eso no le quita lo presumido, aunque sí le suma atractivo —extiende el billete que le di al cantinero—, un trago para el señor, de lo mismo que estaba tomando —expresa y me mira. — Y entonces, ahora yo debería decir lo trasparente de su mirada, que la hace singular y lo bien que le queda el rojo en los labios, que hace palidecer más su piel, sin contar que solo debo darle una mirada para ver que es una mujer muy bien dotada —la veo pasar saliva. — Eso sí es halagador, en especial lo de mi mirada, es la primera persona que destaca en mí algo que no es mi cuerpo como primer rasgo a resaltar —ahora también va a decirme que soy muy atento y caballeroso. Por favor. — Una simple observación —le entregan el trago y ella me lo extiende. — ¿Viene por trabajo o es acompañante de alguien como yo? —miro el trago y se lo devuelvo. — Tome usted, yo ya he bebido —aprieta los labios. — No me gusta el Gin tonic, lo pedí para usted porque era su dinero, además, pensé que eso era una forma explícita de coquetear con usted —abro mis ojos sorprendido. — ¿Entonces me coquetea? —asiente muy tranquila y eso me hace sonreír. — Usted es más guapo que mi acompañante, me trata mejor, me mira mejor y es más interesante que él. ¿Está mal coquetear abiertamente? —lo que está mal es lo honesta que suena al hablar. Es una experta o alguien que no le teme a decir la verdad, pero eso no podría ser cierto. — No esta mal, solo que no es algo común. — ¿Qué cosa? — Una mujer joven coqueteando, normalmente buscan que les coqueteen —se encoje de hombros. — Supongo que porque tienen la posibilidad de hacerlo a diario y están cansadas —frunzo el ceño porque ese comentario fue raro. — Vamos, no hace falta mentir. ¿No ligas diario? ¿No se te acercan hombres diario a coquetear? —juega con un mecho de su cabello apoyándose en la barra. Su cuello atrae mi atención, como si su piel me llamara, como si algo dentro de mí gritara por acercarme hasta él y pasar mi lengua. Trago grueso porque, yo no hago esto, no ligo en fiestas, ni follo con invitadas de ellas. — La verdad, es que, nunca me acerco a personas que no sean mis acompañantes —se acerca un poco a mí y mi mirada va a sus labios—, está fuera de las reglas —la miro confuso. — ¿Qué reglas? —abre la boca para hablar y me encuentro viendo el movimiento de su boca, cómo su lengua se ve mientras habla. Carraspeo porque de repente me siento con poco aire. — Mis reglas, no puedo estar con ningún hombre que esté fuera de mi agenda —me carcajeo porque eso parece un chiste. — ¿Insinúas que acercarnos está prohibido? —me acerco un poco a ella. — No lo insinúo, es verdad, es súper prohibido —eso es una provocación. — ¿Me estás poniendo un reto? Adoro los retos y más si se tratan de hacerte romper tus propias reglas —me mira a los ojos y puedo sentir esa misma tensión que ahora me ha poseído a mí. — Qué bueno que no puedo ver tu cara, porque me lamentaría aún más de lo que me perderé por tonta. — ¿Te lo perderás? No lo creo, porque tú tonta no pareces y porque si hay algo que me gusta es lo prohibido —inhala con pesadez y acerco mi mano a la suya que está sobre la barra. Electricidad y calor avasallante, eso siento cuando la toco. — Solo, salgamos de aquí y hagamos todo lo prohibido —me mira a los ojos y se aleja. — Fue un gusto —camina lejos de mí y me quedo estático. No lo entiendo, ella acaba de generarme la mayor confusión que alguna vez tuve y yo… La sigo. «¿Qué?» No ha lugar. Ella va murmurando, mientras camina fuera de la fiesta hacia un pasillo del hotel y no detengo mi paso, al contrario, lo apresuro. — ¡Señorita! —ella se voltea y vuelve a mirar al frente. Llego a ella antes de que pueda huir, la tomo del brazo y cuando siente mi agarre se mete a una puerta que dice “privado”, pero como no la suelto termino dentro con ella. — Está mal y me saldrá caro —expresa sin zafarse y mirándome de frente. — ¿Por qué huyes? Si tú también estás interesada, ¿por qué finges que no quieres esto? — Yo no estoy fingiendo, estoy huyendo porque usted tiene algo que me hace desear romper todas las reglas, yo solo hay una cosa que finjo y ahora ansío no tener que fingirlo —se acerca a mí sin contemplaciones, sin timidez. — ¿Qué es lo que finge? —sonríe sin despegar sus ojos de los míos. — Lo único en lo que me declaro culpable y deshonesta en esta vida, es fingir orgasmos, los finjo, cada vez, todo el tiempo, yo... — ¿Ansía saber lo que sería no fingir? —me acerco a su boca. Sus tácticas son buenas, sus palabras igual y su presencia cerca de mí, me tiene completamente deseando probar. — Aunque eso sea un grave, grave, error —suspira y nuestra cercanía hace que sienta su aliento en mis labios. — Qué vivan los graves errores, señorita —la beso. La pego a mí, pasando mi mano por su espalda posicionándola en su espalda baja, mientras ese beso voraz y ardiente tiene lugar, ella no duda en tomarme de las solapas de mi saco y saborearme a su antojo, su lengua no se espera, convirtiendo este beso en algo eróticø, cargado de lujuria y necesidad. El impulso de mi cuerpo me hace pegarla a una de las paredes del lugar, de este simple cuarto de limpieza, levanto una de sus piernas para inmiscuir mi mano por debajo de su vestido, busco su permiso y el jadeo de sus labios me indica que puedo seguir. Llego a sus muslos y el calor parece emanar desde su centro, enviando un potente latigazo de deseo a mi m*****o que ya sabe lo que quiere, al igual que ella. — No le creo que jamás haya tenido un orgasmo, no le creo nada —susurro en sus labios. — Sí los he tenido, me los he provocado yo y fueron incre... —rozo mis dedos sobre su ropa interior—. ¡Ohhh! — Increíbles, ¿eso intenta decir? —sigo moviendo mi pulgar sobre su ropa interior. — Ohh, Dios, es justo ahí, es justo ahí... yo... —la beso para acallar sus gemidos, totalmente sumido en la humedad que traspasa a través de su ropa. No es posible que vaya a hacer esto, que esta mujer me haga romper mi racha, que... — ¡Anne! —ella jadea. — Mi acompañante —me aparta—. ¡Maldición! —me mira preocupada. — ¡Anne! — Lo lamento, esto, no debía pasar —acomoda su vestido, sale sin siquiera mirarme. Me quedo confuso y escucho desde adentro. — Estaba ocupado, pero podemos seguir en lo nuestro —la voz del hombre se escucha. — De acuerdo, sigamos —responde ella. Ella no mintió, sí tenía acompañante y ahora solo acaba de llenarme de curiosidad, todo lo que dijo, fue con honestidad y ¿por qué? «Ella llamó tu atención» No, solo... no importa, después de todo no la veré jamás, no sé ni cuál es su nombre. Esto solo fue algo al pasar, sin nada de importancia, esa curiosidad, ya no importa la verdad. ¿Ya no importa? Abro la puerta y la veo irse con su acompañante, se voltea y ahí de nuevo está mi curiosidad. ¿Por qué tanta honestidad? Mi teléfono suena y me hace distraerme, miro el recordatorio en mi celular. Mañana: Reunión con Lousteau. ¡Mierda! Me tengo que marchar. «¿Para que te irías a quedar?» No lo sé, no preguntes. En estos momentos no me siento óptimo como para pensar. Solo tengo que olvidar esto.
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