Nuestra primera vez

1225 Words
Mientras caminabamos, no hice mas que mirarlo, disfrutar el tacto de su piel. Los rayos del sol quemaban nuestra piel, era por mucho mas alto que yo y no podía mirarlo sin que el sol me dañara, por ratos pasabamos cerca a edificios super altos y la sombra me dejaba ver su reluciente rostro, queria arrancarle esa terrible sonrisa de tonto. Solo estaba ahí, caminando confiado tomando mi mano, como si fuera su novia trofeo, como a alguien que gusta de presumir. Mi corazon se derretia, pero no sabía con exactitud si era por su adorable apariencia, su trato galante o el andar caminando por la Quinta Avenida a las dos de la tarde – bien, llegamos – empujó la pesada puerta de cristal y entramos a la cafeteria favorita de Brian. Yo entré con temor y desganada, pero ya estaba aquí, no se vería bien si huyó ahora – gracias, me gusta esta mesa – me senté en la mesa mas alejada de todas y él lo notó, se reía un poco y lo dejaba pasar. Después de ordenar se dirigió a mi mientras me tiraba una mirada tierna y después, besó el dorso de mi mano izquierda. — algún día, pondré un hermoso anillo de diamantes en esta mano — guiñó el ojo y yo solo lo miré con incredulidad y desaprobación, pero el continuó — estoy feliz de que hayas aceptado salir conmigo y lo mejor de todo es ver lo cambiada que estas, Dios, luces fabulosa — lo interrumpí y le cuestioné la acción de invitarme a salir con todo el espectáculo que montó, es decir, somos amigos, solo amigos, ¿en qué momento eso cambió? Él solo mi miró y con tierna paciencia me respondió — pasamos mucho tiempo juntos y te observaba siempre de lejos, mis gustos cambiaron y sentí que ya no teniamos nada en común y contrario a lo que todos piensan, conquistar no es mi fuerte, así que un día me decidí, lo planeé y pensé: tengo que hacerlo, debo invitarla a salir, es mi amiga, nadie la conoce como yo, estoy seguro que funcionará — terminó de hablar y al regalarme una sonrisa pícara los holluelos de sus mejillas aparecieron. Por primera vez vi claro el panorama, él en serio era un encanto, nadie se resistia yo no podía ser la excepción. A partir de ese momento dejó de ser uno más y se convirtió en mi mundo entero. Y desde ahí lo único que hice fue ruborizarme y deshacerme en sonrisas. Así comenzó lo que puedo resumir como el inicio de nuestras citas romanticas, las cuales incluían: asistencia a los partidos y primera fila en campeonatos, ser la animadora privada del cap, lo que involucraba hamburguesas, papas fritas y malteadas, ir a fiestas con sus amigos; no tanto con las mias porque estan enamoradas de él y lo mas importante, Maryanne lo prohibio. Después de unos años logramos entrar a los bares y debia cuidar sus pertenencias y evitar a toda costa que hiciera el ridículo. Todo marchaba de maravilla, en mi mente, porque para el resto de New York, yo era la estúpida mas grande de Manhattan y los alrededores. Resumiendo: la luna de miel nos duró diez meses. Cada vez que me invitaba a salir, me regalaba una rosa blanca y en la cita la galanteria y la excentricidad que heredó de su padre era el plato principal. Los días siguientes a la cita me pasaba las horas pensando en lo delicioso de su presencia, la ternura con la que me atrae hacia a su pecho, lo apretado de sus abrazos para escuchar su corazón latir lentamente, sentir ese roce de sus manos, la delicadeza con la que sus dedos se entrelazan a los mios, la forma en la que mira mi boca y moja sus labios antes de besarme... ¡Ah! Todo era un sueño para mi, yo solo deseaba inspirarle la mitad de lo que él provoca en mi. Claro que, después de dos años de novios, despúes de casi seiscientas citas y doscientas cenas en la tarraza del departamento de sus padres, las cosas empezaban a enfriarse. Brian comenzó a engañarme. Emprzó como algo insignificante, un beso en las gradas o salidas a restaurantes y con el tiempo a él ya no le importaba contar sus hazañas sexuales frente a mi con sus amigos. Más de una vez deseé dejarlo y guardar ese amor como un grato recuerdo, pero él no lo permitia. Después de cinco años de noviazgo, quise irme otra vez y de nuevo encontraba la forma de cambiar la situación a su favor, pero estabamos a nada de graduarnos y todos sabian que nosotros jamás pasamos de segunda base, todos hablaban de eso en los pasillos. Maryanne era de gran ayuda pues ella atemorizaba a los que se atrevian a burlarse de mi condición. Ella siempre fue clara conmigo, tanto que a veces me cuestionaba si estaba de mi lado o si apoyaba lo que Brian me hacia. Ella me decia que ignorara todos y que no importaba con cuantas chicas Brian se acostara, su corazón siempre sería mío – tal vez yo deseo ser dueña de otras partes de él – le dije un día entre lágrimas y ella respondió —no seas tonta. Algún día se casaran y serás la mujer mas importante que cualquiera y heredarás toda la fortuna de los Hamilton.— tenia dieciséis, son cosas que no me interesaban, pero el escarnio público, ese si me angustiaba. A los siete años de relación ya dudaba si era amor lo que me unía a él o era mero compromiso, porque, ya alcanzamos la mayoria de edad, dejamos la secundaria y seguiamos en la misma situación. Pasaba noches enteras llorando por sus tratos y desprecios, él siempre ignorandome y cuando finalmente me armaba de valor para dejarlo, volvia rogando que no lo abandone y que por favor crea de nuevo en su amor. Traté de encontrar motivos para finalizar la relación y ante la desesperación de fracasar en el intento, me quedé un tiempo más a soportar las infidelidades. Hasta que la tarde del veintitrés de octubre del dos mil diez, decidí tomarlo por sorpresa. Pensé que si lo encontraba con otra chica él ya no tendría mas remedio que darme la libertad que tanto anhelaba. Así que emprendí mi travesía y puse en marcha la cazeria y el fino arte de la persecución sin que te atrapen, pero para cuando llegué al destino, el Lincoln center, pero ¿qué hace aquí? ¿Será que me equivoque y estoy actuando como una loca? Pensé que fracasaría de nuevo. Luego de unos segundos me percaté de que no era muy buena, porque rápidamente lo perdí de vista entre la multitud. Me aferré a encontrarlo y entré en mi papel de misión imposible, lo busqué desesperadamente con música de Jazz de fondo, empujando y maldiciendo a todos, hasta que lo encontré. Otra vez sentí escalofrios, la adrenalina hacía que mi corazón casi se arrancara de mi pecho y al ver de frente la escena con la que me topé todo se volvió silencioso. Escuché perfectamente como mi corazón se hizo añicos y juro que percibí el sonido de la sangre corriendo por mis venas. Y eso apenas era el inicio, la pesadilla apenas tomaba impulso.
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