Un año, un año que pasó lleno de inquietudes, triste, pensamientos, arrepentimientos. Un año de la muerte de Emma, mi hermana. Era muy temprano, dejé a los niños en el jardín y busqué a mi madre y fuimos a comprar flores para llevar al cementerio. Era un día gris, lloviznaba, un día triste. ¿Cuál fue la sorpresa al llegar al cementerio? Estaba mi padre ahí, ¿qué hacía acá? —Hola —dije al acercarnos. —Hola, hija —me saludó, me abrazó, pero me limité a responder. —Hola, Raquél —saludó a mi madre. —Hola. Ellos no se llevaban bien, luego de que él nos abandonó, ya nada era lo mismo. Se notaba siempre la diferencia entre sus dos hijas: Emma era todo, Anna era nada. Recordamos a mi hermana, a pesar de todo, estábamos los cuatro juntos nuevamente allí, en el cementerio. No po
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