Ojos azules

1359 Words
Voy con mi carrito de compras por la sección de lácteos. Escojo dos botellas de yogurt, queso fresco, queso crema. Luego me dirijo a la sección de embutidos, sección de galletas. Me gusta tener galletas dulces en casa, sobre todo para esos días que tengo tristeza. Escojo algunos piqueos. Canchita para freír, cuando quiera ver alguna película tierna. Paso por la sección de carnes, cojo poco ya que usualmente como en el trabajo. Por último la sección de vinos. Unas 6 botellas. Pensaran que soy alcohólica, pero siempre tomo una o dos copas al día. Antes de dormir. Me ayuda a relajarme. Me acerco al cajero, este me sonríe, noto como me mira las piernas de reojo. Pasa todas mis cosas y pago todo. Uno de los trabajadores se ofrece a acompañarme hasta la puerta del edificio con el carrito. Le doy una generosa propina. Y me acompaña solo hasta el elevador donde introduce todas las bolsas. —Gracias —Indico. —De nada, señorita, es un placer —Dice el joven. Subo y jalo las bolsas hasta mi puerta. Miro a la del costado y no escucho bulla. Quizás mi vecino este trabajando. Hay cierto misterio en él, ¿será un tipo hippie que escucha música rara? ¿será un metalero?, ¿Con que clase de música será la que me torturara?. Ingreso y empiezo a acomodar todas mis cosas. Mientras como mi yogurt con cereal. Después de acomodar las compras, empiezo a desempacar. Acomodo la ropa de trabajo, ropa del gimnasio, sopa casual. Los zapatos, mis joyas, algunos portaretratos. De mi familia. Ellos también viven en Italia. Y aunque tenemos casa aquí, están alquiladas. Miro la hora y son las 3 de la tarde, con razón me gruñe el estómago. Decido bajar a almorzar en algún restaurante cerca. Salgo nuevamente del apartamento, camino por las calles, hoy iré a comer al restaurante de mi trabajo. Ellos no me conocen así que será una forma de evaluar la calidad del servicio. Me saludan al ingresar, tienen un punto a favor. Pese a qué hay mozos disponibles estás conversando y nadie viene a acompañarme o guiarme a una mesa. Menos un punto por eso. Me siento y demoran dos minutos en traerme la carta. Siguen su protocolo, pero no me recomiendan nada. Pido salmón con finas hierbas y con ensalada de la casa. Para beber pido una copa de vino. No me ofrecen entrada. Se retiran con mi orden. A los 18 minutos vienen con mi pedido juntos. No me trajeron antes el vino, así pudieron ofrecerme otra copa si me la tomaba. Les falta interacción. Termino de comer, estaba muy rica la comida, no puedo negar eso. Retiran mi plato, no me ofrecen postre. Y solo atino a pedir la cuenta. Pago y me agraden. Al retirarme veo a los mismos chicos conversando en un rincón. Pobres, ese relajo se les acabará mañana. El portero me despide y me invita a volver pronto. Este tipo si me agrada. Punto para él. Camino lentamente al edificio. Mi barriguita está llena. Paso por el lobby y veo que el elevador está por cerrarse. —Esperen —Pido y veo una mano varonil que la detiene. Dentro hay una madre y una hija ya adolescente, una anciana. Pero quién me permitiera el ingreso es un hombre alto, medirá 1.90 mt., ojos azules, piel bronceada, está en terno y le queda bien entallado. Noto una pequeña sonrisa en sus labios al verme observarlo. Así que retiro mi mirada en él. —Gracias, buenas tardes con todos. Saludo.—Ellos corresponden a mi saludo. —¿A que piso vas? —Pregunta el hombre. Ahora que estoy cerca de él, huele exquisito y su voz gruesa, podría jurar que hasta moje mis bragas. —Miro los botones ya marcados, tres, 6 y 8. —Ya está marcado mi piso, gracias. Se cierran las puertas y me ingresa una llamada de mi jefe. —Alo? —Hola Chio, ¿que tal todo? ¿Ya te instalaste? —Si, todo bien. —Necesito que me escuches estos detalles —Me pide. —Te escucho entre cortado, espera un minuto — al abrirse el ascensor en el piso 3 decido bajar para poder concluir la llamada. —Ahora si dime —Noto que la anciana baja en este piso. —Sin querer giro a mirar a los demás. ¿A qué piso irán ellos? ¿Sobre todo ese chico guapo? Antes de cerrar las puertas del ascensor, el chico me guiña un ojo. Dios, siento mis mejillas arder. —Rocio me escuchas —Mi jefe me llama. —Si, perdón, estaba en el elevador. Ahora sí dime. —Mañana he convocado a una reunión del personal a las 8 am, así puedas presentarte. Sabes que estás dos semanas tendrás que estar todo el turno, para que conozcas la operación. Puedas tomar nota y corregir los errores. —Si, lo sé, hoy ya fuí y ya tengo un par de anotaciones del restaurante fusión. —Bien, descansa el resto del día. Sabes lo intenso que será a partir de mañana. —Si, lo sé, seré tu esclava casi las 24 horas. —jajaja tan graciosa, como siempre. Pero no puedes quedarte del pago de horas extras que tú si recibes en bonos. —Bien, bien, no me quejaré. —Nos mantendremos comunicados. —Listo, saludame a mis chicos allá. —Lo haré. —Gracias, Chau. Cuelgo la llamada y me dirijo al elevador, subo a mi piso. Aún hay silencio. Ingreso y decido volver a la habitación, veo un par de películas románticas. Al ver a un chico con ojos azules. Me acuerdo del joven en el elevador. Era tan guapo, atractivo y varonil.¿ En qué piso bajo?, no pudo descubrir por la llamada. ¿Será mi vecino?. Niego con la cabeza, porque si fuese así escucharía bulla al costado. Y no, está todo silencio. Me paro sobre la cama y pego mi oído a la pared. Y no, no escucho nada. Llega la noche, alistó mi ropa de trabajo. Mañana debo de estar 7 AM para el primer turno. Alisto una pequeña maleta, con una muda, mi ropa de gimnasio. Mañana no volveré hasta pasado media noche. Sigo sin escuchar bulla de mi vecino. Parece que debe ser como yo, un adicto al trabajo. Mañana empieza un nuevo reto. Miro el reloj y son casi 11 de la noche, apagó el televisor y me recuesto en la cama. Cierro mis ojos, cuando derrepente, escucho bulla en la habitación del costado. Es música instrumental, no escucho nada más, es acaso está la bulla que me mencionaba don Martin. Con esa música me relajo más y me quedo dormida muy cómodamente. Suena mi despertador 5:30 am, me meto a la ducha, decido tomar un baño en la tina. Relajar todo mi hermoso cuerpo caribeño. Luego salgo, me seco mi larga cabellera con la secadora. Me coloco un traje a medida. Al ser gerente, no llevo uniforme fijo. Solo mi gafete de mi cargo y nombre. Me coloco los tacos altos, me maquillo un poco más cargado, no quiero aparentar tan chiquilla. Tomo un vaso de yogurt y cereal, coloco unos snacks en mi cartera. Cojo mi pequeño bolso de manos y salgo de la habitación. Cierro la puerta despacio, miro hacia la puerta de mi vecino, dudo que me lo cruce está semana. Son 6:30 am. Tiempo suficiente para llegar antes y acomodarme en mi oficina nueva. Bajo por el elevador, saludo al personal de recepción. —Buen día señorita, ¿usted es? —Buen día, son Rocío, inquilina del departamento de señor Martín Vidal. —Extiendo mi mano en forma de saludo. —Ohh mucho gusto señorita. Mi nombre es Manolo y cubro el turno de la noche. —se presenta. —Mucho gusto. Encantada de conocerlo. —Sale muy temprano —Asiento. —El trabajo llama, al que madruga, Dios ayuda. —El señor de unos 50 años, se sonríe. —Que tenga un excelente día. —Gracias, usted también. Salgo y camino al hotel, hoy empieza mi jornada laboral. Mi rutina y mi vida.
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