El sol de la mañana se filtraba a través de los inmensos ventanales de la oficina principal, creando un juego de sombras sobre el escritorio de mármol que Alexander y Mariana habían compartido durante años. No era un día cualquiera; era el día del "adiós" o, mejor dicho, del "por fin". Alexander observó a Mariana. Ella revisaba unos últimos gráficos de responsabilidad social corporativa con una sonrisa que mezclaba el orgullo con el cansancio de quien ha dado todo de sí. —¿Te detienes a mirarlo, Mariana? —preguntó Alexander, rompiendo el silencio—. El mercado habla de nosotros como si fuéramos máquinas de éxito. Dicen que nuestro enfoque en el desarrollo personal ha redefinido la industria. Mariana levantó la vista y sus ojos brillaron. —Lo he notado en cada pasillo, amor. Los empleado

