—Definitivamente, Alexander, no veo la hora de ver qué lograremos juntos. —Mariana sonrió, con un brillo en sus ojos que expresaba más que palabras. Alexander le devolvió la mirada, seguro y tranquilo. —Nada podrá detenernos, Mariana. Hemos superado mucho. Después de aquel almuerzo que parecía sencillo, pero había sido una prueba, los tres se levantaron, cada uno sintiendo un nudo menos en el pecho. Alexander, Mariana y Amapola se abrazaron con sinceridad, conscientes de que el pasado quedaba atrás y solo les esperaba el futuro. —Prometamos que esto no será un adiós. Somos más fuertes juntos, aun con las diferencias. —Amapola habló, su voz firme. —Claro que sí —respondió Alexander con convicción—. No dejaremos que nada ni nadie nos aleje. Mientras se despedían, sin imaginarlo a

