Después de la noche tensa de la cena, en la que Amapola sembró dudas profundas en la relación entre Alexander y Mariana, la venganza comenzó a tomar forma en su mente. Sabía, con fría certeza, que había logrado lo principal: separar emocionalmente a la pareja. Ahora, era momento de dar un paso decisivo. Estaba lista para revelar a Alexander sus verdaderas intenciones, aquellas que había guardado tras una máscara de aparente calma. La oportunidad surgió en una elegante y exclusiva cena en un restaurante donde la tensión electrónica entre ellos parecía palpitar en el aire. Amapola actuaba con una amabilidad fingida, como si no llevara la carga de un plan oscuro y consumido por el deseo de hacer daño. Pero mientras disfrutaban sus platos, la conversación dio un giro inesperado. Con una voz

