Capítulo 6.- Más allá del deseo

1179 Words
Después de una noche de pasión torrencial e incomparable, Mariana y Alexander despertaron acurrucados, envueltos en la cálida plenitud que solo un encuentro así puede dejar. La habitación del hotel conservaba el aroma sutil del amor compartido, y los primeros rayos del sol se filtraban tímidos por las cortinas, bañando con luz dorada el espacio donde sus cuerpos aún entrelazados reposaban en un silencio cómplice. Mariana abrió los ojos lentamente y el mundo desapareció al cruzar la mirada con Alexander. Su sonrisa era esa que derretía todo muro a su alrededor. Por un instante, se sintió anegada por una marea de emociones que venían de lejos, como si finalmente todo lo que había anhelado se estuviera volviendo realidad en ese instante cargado de magia. Con una delicadeza que parecía suspirar, Alexander acarició su mejilla, atrayéndola hacia su pecho en un abrazo protector que les hablaba sin palabras. Permanecieron así, sumergidos en el silencio de un vínculo recién forjado, disfrutando del latido compartido y la profunda conexión que se había instalado entre ellos dos. Mariana fue la primera en romper el silencio, con una voz suave pero colmada de emoción: —Alexander, anoche fue un viaje más allá de todo lo que imaginaba. No sólo fue pasión, fue una conexión que nunca antes había sentido, una entrega total y sincera. Él respondió con una ternura palpable, acariciando su cabello, como si absorbiera cada sentimiento de ella. —Desde la primera vez que te vi en la playa de Tarifa, supe que había encontrado algo único. Nuestra historia no sería común ni pasajera; era el inicio de algo extraordinario. Ella sonrió, y sus ojos brillaron con una luz radiante. —Tarifa siempre será para mí el epicentro de todo… el punto exacto donde nuestras vidas se entrelazaron como un destino ineludible. —Así lo siento yo también —asintió Alexander—. Pero más allá del lugar, lo que me sorprende cada día es la profundidad de nuestra conexión, algo que nunca pensé experimentar con nadie. Mariana deslizó su mano para acariciar el rostro de Alexander con ternura, un gesto que reflejaba gratitud. —Agradezco cada momento que hemos compartido hasta ahora. Cada second es la confirmación intangible de lo especial que somos y lo mucho que significamos el uno para el otro. Él tomó su mano entre las suyas y la besó con suavidad, sellando una promesa silenciosa. —Prometo cuidar con toda mi alma este amor y esta conexión que ya se ha vuelto indispensable. Haré todo lo que esté a mi alcance para hacerte feliz y demostrarte cada día cuánto te amo. Mariana se acercó más a él, como buscando refugio en su calidez, en esa seguridad que solo un amor verdadero puede brindar. —No podría pedir nada más. Estoy lista para embarcarme en esta aventura contigo, sin importar cuán difíciles sean los caminos que se presenten frente a nosotros. Alexander la envolvió en un abrazo firme, su voz cargada de determinación. —Juntos podemos superar cualquier obstáculo. Lo único inamovible es que estamos juntos y siempre seremos el sostén del otro, incluso en las tormentas más oscuras. En esa calma construida con promesas sinceras, la habitación se llenó de risas y suspiros, una prueba palpable de que habían encontrado en el otro el amor de sus vidas, un refugio donde sentir que todo es posible. Los ojos de Mariana brillaban con complicidad mientras se sumergía en la mirada de Alexander. —Sí, esta conexión es única y definitiva. Aunque la noche pasada fue increíble, sé que no fue un final, sino solo el comienzo de algo mucho más grande y poderoso entre nosotros. Alexander asintió, compartiendo esa idea con el alma. —Siento que lo que creamos trasciende el deseo y la lujuria. Es un amor verdadero, transformador, un fuego que nos consumirá y renovará al mismo tiempo. Mariana se abrazó aún más fuerte a él, sintiendo la verdad de sus palabras arder en su pecho. —Es como si toda mi vida anterior hubiera sido una preparación silenciosa para este encuentro contigo. Cada experiencia, cada caída, todo me ha traído hasta este momento en el que puedo compartir mi vida contigo sin miedo. Con profunda ternura, Alexander besó la frente de Mariana, dejando sus labios posados varios segundos en un gesto reverente. —También siento que este encuentro fue destinado, Mariana. Como si el universo mismo hubiera conspirado para cruzar nuestros caminos y guiarnos hacia esta pasión intensa y este amor profundo. Ella sonrió, apreciando cada palabra y cada gesto. —No puedo evitar sentirme agradecida por ese destino que nos unió. Es mágico, casi imposible, como si realmente estuviéramos hechos para vivir juntos más allá del tiempo. Alexander acarició suavemente su mejilla, con una mirada que destilaba ternura y certeza. —Es como si nuestras almas hubieran estado conectadas desde el principio de los tiempos. No puedo imaginar mi vida sin ti, Mariana. Eres mi complemento perfecto, mi mayor fortaleza e inspiración diaria. Ella lo abrazó con fuerza, sintiendo cada célula vibrar con un amor que creía infinito. —Eres mi fuerza y mi paz, Alexander. Gracias por estar a mi lado y hacerme sentir completa. Juntos, no hay obstáculo demasiado alto ni tormenta que no podamos superar. Alexander inclinó la cabeza para recibir un beso suave y firme, sellando el compromiso mutuo que ahora compartían. —Prometo amarte incondicionalmente, apoyarte en cada paso y celebrar contigo cada victoria. Estoy emocionado por el futuro que construiremos juntos, amor mío. Mariana sonrió con lágrimas de alegría y esperanza, sintiendo que aquel amor era un regalo divino. —Yo también prometo estar a tu lado, en lo bueno y en lo malo, porque contigo he encontrado el hogar que siempre busqué. En un abrazo cálido y eterno, supieron que habían descubierto algo real, un amor destinado a trascender el tiempo y las dificultades. Comenzarían un viaje juntos, lleno de aventuras, crecimiento personal y un amor que nunca dejaría de crecer ni transformarse. El despertar de su pasión fue solo la chispa que encendió un fuego que alimentaba no solo su deseo íntimo, sino su motivación y determinación para perseguir juntos los sueños que el destino les tenía preparados. La muralla de sus antiguos miedos caía y el futuro se abría vasto e ilimitado ante ellos. Mariana separó su cuerpo del abrazo, mirando a Alexander con fuego en los ojos. —Sé que hemos soñado individualmente, pero ahora quiero que esos sueños se conviertan en los nuestros. Quiero construir contigo esa vida que siempre imaginé, paso a paso y sin miedo. Alexander sonrió, con la certeza de un guerrero enamorado. —Nada me haría más feliz que compartir mis sueños contigo y hacerlos realidad juntos, sin importar qué retos enfrentemos. Estoy listo para conquistar el mundo contigo de la mano. Se miraron con esa mezcla de complicidad y fervor que solo dos almas destinadas pueden compartir, conscientes de que aquella conexión había desatado una tormenta que sería mucho más que una noche de pasión: habían encontrado el uno en el otro un amor para toda la vida.
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