—Sí, Alexander —dijo Mariana, mirándolo con decisión y una chispa de desafío que brillaba en sus ojos—. Estoy lista para cambiar mi destino, escribir una nueva página llena de aventuras y felicidad sin límites. ¿Qué dices? ¿Nos lanzamos juntos a lo desconocido y descubrimos qué mierda loca nos tiene preparado el mundo impredecible y vasto que nos espera por explorar?
Él sonrió, divertido y serio a la vez, entendiendo la importancia de ese momento crucial en sus vidas, consciente del camino incierto que ambos comenzarían a recorrer juntos.
—Eso suena como un plan perfecto y arriesgado, imposible de ignorar. Pero no creas que serán fáciles o seguros. Lo que viene puede rompernos, o hacernos invencibles para siempre, llevarnos a lugares que ni siquiera imaginamos en sueños.
Ella lo desafió con la mirada, sintiendo cómo la fuerza interna la consumía y despertaba su espíritu rebelde, lista para cualquier batalla que ese nuevo capítulo le planteara.
—Prefiero romperme en la pelea, con todas las heridas expuestas, antes que seguir atrapada en la mentira cómoda pero miserable de esta vida monótona y predecible. ¿Y tú qué piensas hacer cuando llegue ese momento decisivo?
Alex dio un paso hacia ella, la brisa marina mezclándose con la tensión palpable, casi como un fuego invisible avivando esa conexión que los unía intensamente.
—Yo también necesitaba alguien que me impulsara hacia adelante, alguien que despertara mi alma dormida y me sacara de la rutina mendaz. ¿Sabes? Me muero por una aventura real y cruda, no solo playas bonitas y postales perfectas, sino esa locura sincera que te hace sentir vivo hasta el último aliento.
Mariana arqueó una ceja, desafiándolo y sonriendo con complicidad, lista para descubrir hasta dónde llegarían esa noche y esas palabras.
—Entonces dime, ¿qué espera ese misterio llamado Alexander de esta loca aventura que apenas comienza, llena de giros y encuentros inesperados? ¿Qué busca en una compañera que también arde por vivir?
—Asia —respondió él sin titubear ni dudar ni un segundo—. Japón para perderme entre tradición milenaria y neón vibrante, Tailandia para nadar en sus aguas cristalinas que parecen de otro planeta sin tiempo. ¿Y tú? ¿Cuál es el sueño imposible que te quema por dentro?
Ella volvió la vista al horizonte, perdiendo momentáneamente el contacto, abrazando sus propios deseos con intensidad y nostalgia.
—Japón me llama desde siempre, desde niña. Quiero ver esos templos sagrados, perderme en las calles frenéticas de Tokio y devorar sushi auténtico hecho con pasión genuina. Pero después... necesitaremos escapar a un paraíso silencioso, lejos de todo ruido y conflicto terrenal.
Alex rió con sorna, dejando que la verdad oculta flotara en el aire alrededor de ellos con peso y secreto.
—Como para olvidarnos de que tenemos un pasado oscuro y tóxico que no nos suelta y nos persigue implacable, sin pedir permiso ni descanso.
Mariana lo miró con intensidad inquebrantable, poniendo en palabras su verdad más cruda y urgente.
—¿Y si te dijera que justo por eso necesito con urgencia este viaje? Para correr sin mirar atrás, sin cadenas ni promesas rotas que nos ataquen el alma.
De repente, una voz áspera y fría cortó el momento perfecto, aterrizando en el presente con un golpe sutil pero fatal.
—Rodríguez, esto no puede seguir así, no mientras esa chica siga a tu lado —dijo un hombre mayor acercándose lentamente, con ojos duros y presencia imponente que intimidaban sin esfuerzo. Ya sabes que esta chica no es quien parece ser en realidad.
Alex apretó la mandíbula, mostrando un breve destello de molestia y nerviosismo evidente, casi como una advertencia implícita y peligrosa, un aviso silencioso para mantenerse alejados del riesgo.
—Será rápido —le dijo a Mariana, preocupado y con urgencia en la voz—. ¿Vienes conmigo? Porque este paseo cambió de dirección repentinamente, y tu seguridad me importa más de lo que crees, no voy a permitir que nadie te haga daño.
Ella sintió cómo se le aceleraba el corazón más rápido que nunca, atrapada entre miedo y valentía, con la adrenalina recorriendo cada latido.
—No te voy a dejar solo ni un segundo —respondió tajante, con una firmeza que ella misma desconocía que poseía—. No importa lo que venga, estaré a tu lado.
Mientras se alejaban de la plaza, Mariana soltó un suspiro profundo que mezclaba ansiedad y determinación.
—Esto no pinta para un paseo tranquilo de sombras y olas, ¿verdad? —preguntó bajito, buscando alguna respuesta que justificara la incertidumbre que sentía.
Alex la miró serio, sus ojos llenos de una promesa pesada y real.
—No, esto apenas empieza. Lo que venga pondrá a prueba todo lo que somos, nos quebrará o fortalecerá. Pero si no arriesgas de verdad, nunca sabrás qué podría ser y hasta dónde puedes llegar.
Ella tomó su mano con fuerza, como un pacto silencioso.
—Entonces, no pienso quedarme atrás jamás. No hoy, no nunca más. Estoy lista para todo.
Al día siguiente, fueron incapaces de dejar de hablar ni un minuto. Compartieron sueños rotos, esperanzas renovadas, risas desesperadas y silencios cargados de sentidos profundos.
Mariana confesó sus miedos a fracasar estrepitosamente, a perderse en sus propias inseguridades sin salida posible.
Alex la miró a los ojos, con una sinceridad que quemaba más que el sol del mediodía.
—No estás sola. Yo también cargo mis demonios y cicatrices, pero juntos, ni el cielo ni el infierno son límite para nosotros.
Ella sintió un nudo violento en la garganta, le apretó la mano con gratitud.
—Gracias por creer en mí cuando yo misma dudaba de todo lo que soy y puedo llegar a ser.
Él sonrió, acercándola con ternura al abrazo que prometía protección.
—Esto apenas empieza, Mariana. Imagina todo lo que podemos hacer si dejamos atrás los miedos, las cadenas del pasado y el juicio externo.
Ella apoyó la cabeza en su pecho, con una certeza y paz nuevas que la envolvían.
—Este viaje no es solo geografía ni destinos exóticos, Alexander. Es mi lucha interna, mi renacer verdadero y feroz.
Él respondió con voz firme, sincera y decidida como un juramento.
—Y yo no pienso soltarte ni un instante. Pase lo que pase, somos equipo eterno, contra viento y marea.
El sol se escondía en llamas anaranjadas, mientras ante ellos se abría un futuro peligroso, temperamental y prometedor al mismo tiempo.
—¿Tienes miedo? —preguntó Alex, la mirada incisiva y desafiante, buscando su verdad más profunda.
—Claro que sí —respondió Mariana con honestidad brutal—. Pero nunca voy a dejar que ese miedo gane ni un solo segundo de mi vida.
Los dos rieron con mordacidad y complicidad, más fuertes que nunca, listos para desafiar juntos al mundo y sus reglas.
—Entonces, perseveremos juntos, porque la rutina murió para nosotros y ahora por fin empezamos a vivir a nuestra manera.
Con esa promesa y espíritu invencible, caminaron hacia lo incierto, sabiendo que la verdadera aventura apenas comenzaba, y que nada sería igual jamás.
Después de un largo y hermoso paseo por la playa de Tarifa, Mariana y Alexander se sentían completamente libres y vivos, llenos de esperanza y energía renovada para siempre.
Los rayos dorados del sol pintaban el horizonte con colores cálidos y vibrantes mientras el cálido océano susurraba melodías tranquilas y relajantes que calman el alma.