Creí que al día siguiente el dolor no me dejaría subsistir, pero al final no fue así, si me hizo sentir mal sin embargo no tanto como lo esperaba. Deduje que a pesar de lo mucho que me atraía Zett Morrison, en cuestión, no iba más allá de eso. Que habíamos compartido buenos momentos: sí. Que me sentí a gusto a su lado la mayoría de ocasiones que estuvimos juntos: indudablemente, el tenía un encanto innato seguramente imposible de pasar desapercibido. Que creí que me enamoraría locamente: en definitiva... Pero no sucedió, Zett sólo significo un lapso de felicidad muy corto en mi vida y su falta en mi existencia no era un mal irremediable. «Claro que tengo que admitir que fuí yo quien la cagó; creo que era una obviadez que ese tipo tenía un interés en mí más que amistoso, pero siempre he s

