La sonrisa de Greibiel se ensanchaba mientras creía fervientemente que los hijos de Bet eran suyos. Una intensa alegría recorría su cuerpo, sintiéndose inmensamente feliz al hacer deducciones basadas en la edad de los niños y recordar aquella noche en el hotel. Cada pista y recuerdo apuntaba a la posibilidad de que él fuese el extraño con quien Bet había compartido esa noche de pasión. Y ahora, con el nombre de los pequeños, Moisés y Eliana resonando en su mente, la certeza de que podría ser su padre se hacía más fuerte. —¿Qué? —inquirió Eva al verlo todo emocionado. —¿Te dijo la habitación en la que ingresó? —Eva se quedó con el ceño fruncido—. Abuela, necesito saber si ella ingresó a la habitación 66 — se quedó pensando en el momento que recordó haber dañado el número de la habitació

