Greibiel se quedó parado en medio del salón, observando atentamente a Bet mientras ésta caminaba decidida hacia el comedor. Desde su posición, Greibiel podía sentir cómo la impotencia se apoderaba de su ser, nublando su mente y oprimiendo su corazón. Deseaba decir lo que le dijo a su abuela, que las palabras salieran con facilidad. Sin embargo, las palabras se atascaban en su garganta, como si alguien invisible sujetara su lengua y no le permitiera articular el mensaje que tanto ansiaba transmitir. Desde el salón, Greibiel seguía con la mirada a Bet, admirando su figura y la gracia con la que se movía. Su corazón latía desbocado, palpitando al ritmo de su amor inconfesado. Cada paso que ella daba hacia el comedor llenaba su pecho de una tristeza que parecía no tener fin. ¿Cómo podía expli

