Las grandes manos atraparon sus caderas, la apegó a su pelvis y empezó a embestirla con fuerzas como a ella le gustaba. Zuna fingía sentir placer, pero la realidad era que nadie le daba más placer que Greibiel Coleman. Por mucho que Igor se esforzara y le hiciera el sexo salvajemente, no había ese algo que su ex esposo le daba, el placer necesario. El único que pudo igualarlo fue Jozef, pero a ese infeliz no quería volverlo a ver en su jodida vida. Después de que robara todo su dinero y enviara a golpearla, lo que menos quería era tropezar con él. Y si algún día lo volvería a ver, no dudaría en asesinarlo. Ahora que su esposo estaba con aquella infección, debía buscar quien calmara sus ganas, de entre los hombres que había probado, Igor estaba cinco puntos más abajo que Greibiel, y era el

