Muy temprano, Zuna le envió un mensaje a Greibiel informándole que estaría fuera de la ciudad. No podía arriesgarse a realizar la prueba de ADN en el mismo lugar. A esa hora, Greibiel ya estaba despierto. En cuanto recibió el mensaje, agarró el móvil de inmediato. Al ver de quién era el mensaje, la emoción se desvaneció, pero no dejó de cuestionar. “¿A dónde vas?” Zuna respondió que visitaría a su padre. Al leer eso, Greibiel lanzó el teléfono a un lado y se levantó para luego dirigirse al balcón. Estaba parado en lo alto del hotel más lujoso de la época, observando el espectáculo que se desplegaba ante sus ojos. El sol comenzaba a asomarse por el horizonte, tiñendo el cielo con tonos cálidos y dorados. Las nubes se extendían como pinceles de algodón, pintando trazos suaves y difumin

