2.

1041 Words
Al día siguiente, Aranza llega media hora más temprano a la empresa. En toda la noche no pudo dormir de la emoción. Su mente seguía reproduciendo la advertencia fría de Selene Virel junto a aquellas cuatrocientas normas a seguir. Ahora, al entrar de nuevo al piso ejecutivo, se alisa su pollera y trata de respirar suavemente. Sus días de correr de casa en casa, limpiando pisos y baños, estaban en pausa. Por ahora. —¿Rivas? —llama una voz a su costado. Aranza voltea. Selena sale de un pasillo sosteniendo la misma tableta que ayer. Sus taconazos, ahora rojos sangre, hacen eco en todo el sitio mientras avanza. —Ven conmigo. Tenemos mucho por hacer. —Sí… sí, señora —dice Aranza de inmediato. Selene la mira con el ceño fruncido. —No es necesario que me digas señora. Solo haz bien todo lo que te ordene . Respira antes de hablar. Cuando no necesites responder a alguna pregunta, solo mantén la boca cerrada. Aranza asiente. Sabe a qué se refiere Selene. Su tartamudez es más notorio cuando entra en crisis nerviosa. Casi no puede controlarlo. Esta vez se mueven por un largo corredor de cristal oscuro. A la derecha, vislumbra la misma puerta doble cerrada, pero ahora custodiada por dos hombres muy grandes y musculosos. El aire se siente diferente esta mañana. Aranza acelera sus pasos cuando la misma opresión extraña invade su pecho. Selene abre una puerta y una pequeña oficina aparece ante los ojos de Aranza. Tiene un escritorio elegante, pero con tonos demasiados frios para su gusto y en uno de los rincones, un mueble alto lleno de carpetas. —Este será tu lugar de trabajo desde hoy —dice Selene—. Ayudarás con los archivos, clasificación y orden, si demuestras que eres competente para eso, cambiaremos tus tareas a otras más importantes. Veamos si no eres solo una cara bonita que busca llamar la atención. Aranza se sonroja. —Haré todo como me pida —responde en voz baja. Selene la estudia con un destello de algo indescifrable. No es exactamente hostilidad. Tampoco es aprobación. Ella no se mueve en ninguna de esas facetas. —Ya veremos —dice—. Vesper Dominion no da empleos a gente que no vale la pena. Aprovecha la oportunidad que tienes. Y no me hagas perder el tiempo contigo. La mañana transcurre entre documentos y correcciones casi constantes. Las manos de Aranza tiemblan para cuando finalmente se adapta al ritmo del sistema de datos y archivos. En ninguna de las ocasiones que Selene vino a ella, alzó la voz, pero por sus críticas agudas, Aranza entendió rápidamente que es una persona muy perfeccionista y que debe trabajar mucho para complacerla. En estas horas, absorbió cada detalle dado por Selene como una esponja. Ha trabajado por todos estos años en lugares y con jefes mucho más exigentes, y por poco dinero. Esto puede manejarlo. Solo necesita un poco de adaptación. En su hora de almuerzo, se sienta sola en la azotea y da un pequeño mordisco al sándwich de pollo que Doña Carmen puso en su cartera al salir. Desde este sitio puede ver la ciudad extendiéndose sin fin debajo de ella. El viento es fresco y suave. Su teléfono vibra. Un mensaje de doña Carmen. “Acabamos de salir de la consulta. Ariadna está mejorando y si sigue así, tendrá fecha para su cirugia muy pronto.” Sonrió aliviada, exhalando como si fuera la primera vez en horas. Ese mensaje le recuerda la razón verdadera por la que está aquí. No se trata de seguir un puesto superior ni ser reconocida como asistente de Ares Vesper. Está aquí por Ariadna. La única familia que le queda. Por la que es capaz de dar hasta su propia vida si es necesario. Si trabajar con personas como Selene, en edificios tan lujosos e imprecionantes como este, alrededor de fantasmas tiranos como el señor Vesper, puede ayudarla a conseguir salud para su sobrina, entonces lo aguantará todo hasta el final. Cuando termina su hora de almuerzo y vuelve a su área, hay nueva tensión extraña en el aire. Todos están muy activos, movíendose rápido de aquí para allá. Aranza se mete en su oficina para esconderse de todo ese caos, pero se topa cara a cara con Selene. —¿Me… me necesita para algo? —pregunta Aranza. Selene no mira directamente hacia ella, su vista está fija en su tableta. —El Sr. Vesper regresa hoy de su viaje. Aranza parpadea un par de veces. Selene alisa su vestido y peina su cabello con los dedos. A pesar de que está impecable. —No le hables bajo ningún motivo, a menos que alguien te pregunte algo. Y, sea lo que sea que hagas, no aparezcas frente a él. Mantente aquí adentro. Aranza parpadea un par de veces. —Yo... yo… —Esto es una orden, Aranza —espeta Selene, de repente con el rostro más serio de lo habitual—. Al señor Vesper no le gusta la desobediencia. Pero lo que más odia, es que lo molesten. En los minutos siguientes, el pasillo cerca de la sala ejecutiva está completamente acordonado por hombres que ella nunca antes había visto. Todo el personal está en su sitio, sin moverse, sin hablar. Aranza permanece quieta detrás de su escritorio, con la vista fija en su monitor, pero su corazón late fuerte en su pecho. Una parte de ella está nerviosa. No sabe el motivo, pero su cuerpo está tenso, su piel está erizada y su mente no deja de dar vueltas a las palabras de Selene: No aparezcas frente a él. De pronto, otra quietud repentina se instala en su estómago. Las voces en el piso se apagan por completo en ese instante. Las puertas del ascensor al abrirse se oyen más fuerte de lo habitual. Luego, unos pasos pesados van acercándose. No se atreve a girar la cabeza. Pero desde su posición, ve a los hombres en el pasillo erguirse un poco más. Entonces, una figura alta y oscura que pasa por el pasillo es captada por el rabillo de su ojo. Un escalofrío recorre su cuepo. Y así, tan rápido como apareció, desaparece. ✦🐺✦🐺✦
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