Pueda que desconfíe de lo que he dicho, que las palabras que salieron de mi boca no le hayan convencido verdaderamente, pero me encargaré de que mi vulnerabilidad, cuidadosamente calculada y exhibida en los momentos precisos, le haga creer verdaderamente en mi inocencia. La fragilidad que muestro no es más que una máscara elaborada, diseñada para manipular sus percepciones y sentimientos hacia mí. El plan ya está trazado, y el juego ha comenzado con una precisión milimétrica. Solo tengo que encargarme de que cada movimiento, cada gesto y cada palabra me lleven hacia la meta que me he propuesto. Cada paso está calculado con la precisión de un relojero, y cada acción tiene un propósito específico en este elaborado esquema. Llego al lujoso hotel de cinco estrellas, abro la pesada puerta de

