Llegamos a un rio y me detengo abruptamente. Levanto la mano izquierda para que los que vienen detrás de mí se detengan, por consiguiente, se retiren. Ella no se ha ido. Ella se encuentra bañándose debajo de una gran cascada, completamente desnuda. Lo sé, porque su ropa esta en el suelo, porque puedo ver su fina espalda bajo el agua que cae de lo alto. Bajo del caballo, lo amarro en un árbol y voy sigilosamente hacia la enorme posa de agua cristalina. De ver esa exquisita agua, y esa lujuriosa mujer, hasta ganas de meterme me dio. Empiezo a sacar mis prendas cuando ella se gira. Se quedo observándome hasta que me quito la ultima prenda, y me lanzo al agua. Nado por debajo hasta llegar a ella. Distingo sus muslos debajo del agua y procedo a levantarme justo frente a ella. —¿Me anda

