Señor Marroquín- la voz de Laura, la secretaria de recepción, le llegô como un susurro, habia abierto la puerta apenas lo suficiente para asomar su delgado rostro con timidez. Ricardo dejo salir un suspiro al ver aquella cara angustiada como si ocurriese una tragedia. Su cuota de paciencia diaria estaba casi agotada; Gustavo, Antonia y esa chica; Mirella Santori, se acababan de ir Ricardo pensó por un instante que al fin tendría un poco de tiempo para trabajar, había intentado no pensar en el rostro de aquella muchacha cuando le dijo que podía irse, se sentía un desalmado, pero la chica era una completa extraña y si, no podia negar que lo habia ayudado a quitarse a Antonia de encima, pero el no le habia pedido tal favor. -Si no he abierto la puerta después de que casi la tiras abajo, es

