Por Gastón Se levantó y buscó la remera que tenía puesta, estaba en el suelo. Se dirigió a un baño que había allí mismo. Salió unos momentos después y entre yo, me fui a enjuagar. Lo hice rápido, no sabía por qué, pero presentía que ella se iba a vestir y yo… quería seguir. Debo confesar que en las mil noches que soñé con ella, que la poseía, me quedé más que corto cuando me imaginaba lo que ella me haría sentir. Estuve en el paraíso. No me equivoqué, se estaba vistiendo. -No… te vistas. -Estuvo mal lo que hicimos… nos dejamos llevar por algo que sentíamos desde hace mucho… y vos estás casado. Sonreí. Delfina y su rectitud. Adoro todo en ella, también su sinceridad, porque no escondió que ella también tenía ganas de mí. Adoro su forma de decir las cosas. Adoro cómo me sentí a

