—Camille...
—Magnus, que desagradable sorpresa.
—Pienso lo mismo.
—Acabemos con esto rápido. ¿En qué puedo ayudarte?
—Qué te parece si empiezas por decirme porque estás asociada con una de las personas más buscadas del momento.
Todo color desaparece de su rostro, como si hubiera pasado el peor desastre de la historia.
—No sé qué hablas.
En su voz existe el miedo, aun cuando intenta ocultarlo.
— ¿De verdad? Déjame ayudarte.
—Magnus te voy a pedir que te retires si no tienes nada relevante que decirme, estoy muy ocupada y...
—TriBeca. ¿Eso te dice algo?
—Claro es el lugar más famoso de la ciudad, caro y con clase.
—Y también es el lugar en el casi muero.
—Eso escuche, lamento que tuvieras que pasar por esas cosas, pero verdaderamente no entiendo que tengo que ver yo con eso.
—Escuche tu voz Camille. Soy capaz de reconocer tu odiosa voz en cualquier lugar y esa noche, antes de que la policía llegara, la escuche, más clara que el agua. Solo intenté engañarme diciéndome que estaba alucinando, que era el miedo... pero no, al parecer estaba en lo cierto ¿no es así?
Un silencio sepulcral recorre cada rincón de la oficina de Camille, la veo temblar mientras intenta levantar el teléfono.
—Tranquila Camille, no mencione nada de esto a la policía... no aún, si coperas respondiendo un par de preguntas, prometo mantener el secreto, aunque... no sé si eso ayude en tu situación.
—Lu, cancela todas mis citas, voy a salir.
Cuelga el teléfono y comienza a guardar varias cosas en su bolso.
—Vamos a mi auto y prometo contestar todas tus preguntas.
Asiento y la sigo. No ha cambiado nada desde el día que la conocí. El movimiento de las caderas, casi de forma automática enviando un claro mensaje para cualquiera que le vea, la melena negra que llega arriba de sus caderas, los vestidos ajustados que no dejan mucho a la imaginación y los altos tacones que resuenan a cada paso.
De forma silenciosa nos deslizamos dentro del auto.
— ¿Qué quieres Magnus?
—Información. ¿Quién es el hombre de los espejos?
—No puedo decirte eso Magnus, si lo hago estoy muerta y todos aquellos a los que quiero también lo estarán. Así que mientras no tengas una orden federal, no diré eso.
—Así que te tiene amenazada.
—A todos. Cuando nos unimos a él, creímos que sería como grabar videos para adultos, ya sabes, en realidad lo único que queríamos era sexo, pero de forma diferente, nunca imaginamos lo lejos que llegaría. La primera vez qué pasó... cuando asesinó a la primera chica, nadie podía creer que fuera verdad, intentamos alejarnos pero... fue imposible. — El temblor en sus manos a aumentado conforme habla. — Nos tiene amenazados y no sólo nuestras vidas o trabajos, también a nuestros amigos y familia. Estamos acorralados.
—Quieres decir que tus propiedades...
—Es mi parte del trabajo. Yo pongo el lugar, otro el equipo de grabación, otro las armas y el a la chica o chico.
— ¿Cuantos?
— 5 en total.
— ¿Reciben algo a cambio por lo que hacen?
—Nada. Solo lo hacemos y como una especie de recompensa, nosotros 5 siempre estamos en el acto.
— ¿Que sabes de Verónica?
— Lo que todos saben. Que está con ella. Esta vez me pido tres lugares, supongo que debe estar en alguno de ellos.
— ¿Eso ya había pasado antes?
— ¿Qué me dejará fuera? No. Dijo que esta vez era necesario, mencionó que mis nervios podían traicionarme.
— ¿Te dejó fuera?
— Sí. Dijo que en esta ocasión no podía confiar en mí, tal vez tenga razón.
— Dame la lista de lugares.
Saca una carpeta de su bolso y me la entrega, en ella vienen tres direcciones.
— Creí que me la pedirías y la tomé antes de salir. Creo que es lo menos que puedo hacer por todo el daño que te cause.
— ¿Por qué yo Camille?
— No lo sé. Nunca lo supimos Magnus, no encajabas en el perfil,fuiste como un capricho para él. Si hubiera sabido todos los problemas que causaría, probablemente te hubiera dejado en aquella estación del metro.
— Es probable.
—Iré a la cárcel...
—Tu sabes que sí, eres cómplice de asesinato Camille... no hay mucho que pueda hacer. Si no te delato yo, lo harán aquellos con los que compartes esto.
—Lo sé.
—Lo siento mucho.
Y de verdad lo siento. No sé qué pasaba en la mente de Camille cuando aceptó el trato, pero si se lo que veo ahora. Sus ojos no reflejan más que miedo y desconfianza, su cuerpo tiembla violentamente y las lágrimas no dejan de rodar por sus mejillas, incluso ahora que le presto más atención, puedo notar lo delgada que esta, los pómulos se le marcan de forma espantosa y juro que puedo rodear su brazo con dos dedos. Esta aterrada. Poco queda de aquella Camille que conocí hace dos años.
La miro una última vez antes de abrir la puerta.
—Magnus...— Su voz es más un sollozo apenas audible.
— ¿Si?
—Ten cuidado, el tipo está loco... ya no ve esto como una diversión. Tiene un objetivo y me encantaría decírtelo, pero no puedo hacerlo. Esto que hace es más un culto y una vez dentro no puedes salir vivo de él. Ahora sal, antes de que sea demasiado tarde para ti.
—Camille...
—!Sal¡ !Acaba con esto¡ .— Sus manos aferradas al volante, con los nudillos ya blancos. — Has que esto valga la pena... atrápenlo.
Salgo del auto entendiendo poco y veo como Camille arranca de forma descontrolada, hasta que la pierdo de vista.