Adara Llegué al apartamento de Nadina en horas de la mañana, por problemas de tiempo no salimos en la hora acordada y me tocó esperar cuatro horas en la sala de espera en el aeropuerto en Bogotá. Por un lado, mucho mejor, así no me presentaba en la madrugada. Al momento de llegar al apartamento iba a tocar, pero un joven atractivo, rubio, de ojos claros, llegaba con unas bolsas. —Los ángeles están llegando a este edificio. ¿Vas a ingresar? —Buenos días, y sí. Vengo a visitar a una tía. —abrió la puerta sin dejar de repararme de pies a cabeza. —Soy nuevo, vivo en el 209. Cuando estés aburrida con tu tía, te invito un par de cervezas. —Gracias por tu espontánea amabilidad, pero no suelo salir con desconocidos y para ser más sincera. Mi marido es muy celoso —¿Alguien le va a decir a tu

