—¿Ah, sí? A menos que seas una hechicera, nada de lo que hagas hará que ninguna otra dama de este reino brille como tú. —Gracias. —Ella estaba claramente incómoda con sus halagos, pero él no iba a detenerse—. Pero como me gusta ayudar a los demás, me gustaría abrir un spa, en el solar, tal vez. Sólo necesitaré un poco de capital para encargar algunos suministros. —Pide lo que necesites al mayordomo. Y debo decir que estoy muy complacido, aunque un poco dudoso, lo que en conjunto me confunde bastante. ¿Por qué siempre me presentas tal mezcla de rasgos para que los clasifique? Ella se rio. —Bueno, tal vez soy un poco diferente a lo que estás acostumbrado. —Hummm —tamborileó con los dedos sobre la mesa—. ¿Son todas las chicas que vienen de tus tierras una mezcla de ingredientes dulces y s

