Cuando la última clienta salió del spa aquella víspera, radiante tras un baño de barro, Leah hizo recuento de la recaudación del día. Había ganado lo suficiente para asegurarse un pasaje a Francia y empezar una vida decente allí. Jane interrumpió sus planes llamando a la puerta y haciendo una reverencia. —El sastre espera fuera, señorita Radcliffe. Necesita dar los toques finales al vestido de novia. —¡Caramba! —Se dio una palmada en la frente mientras trataba de recomponerse—. ¿Qué día es hoy? —Miércoles, mi señora. La boda era una semana después del viernes. Le quedaban nueve días para planear su huida. —Dile al sastre que me he puesto enferma y que mandaré a buscarlo cuando me encuentre mejor. —Soltó la excusa. No tenía sentido hacerle perder más tiempo. Escondiendo el dinero bajo

