Leah estaba ansiosa por decirles a estos mal informados dónde estaba realmente Matilda. Elicia avanzó hacia él y se agarró el pecho. —Guardias, escolten a estos dos intrusos fuera. —Señaló a Elicia y Galfrid. Los guardias avanzaron y, en un abrir y cerrar de ojos de Leah, escoltaron a Elicia y Galfrid por el pasillo, mientras resonaban sus desplantes, que finalmente terminaron con el resuelto portazo de una puerta. Leah hizo una rápida reverencia mientras se alejaba. —Yo también me despido, señor Griffin. Como puede ver, todo esto ha sido un malentendido. Griffin se quitó la mano del pecho, se acercó a ella y la estudió con ojos escrutadores. —Ahora tal vez puedas decirme quién eres en realidad. —No soy un espía, téngalo por seguro. Pero no pude convencer a Elicia de nada. Nadie me c

