Cuando oyó cerrarse la puerta, echó el cobertor hacia atrás, se deslizó fuera de la cama y se asomó por debajo. Gracias a Dios, un orinal. Se alivió, exhalando un suspiro de alivio, más aún porque estaba sola. ¿Y ahora qué? Volvió a la cama y apoyó la cabeza en las manos, con cuidado de no tocarse el moretón. Se acurrucó, abrazando la almohada. Lo único que quería era dormir. Con un poco de suerte, se despertaría en su propio siglo. Un pensamiento escalofriante le subió por la espalda y trató de silenciarlo. El conservador le había hablado de la supuesta traición de Hugh y... Dios. El ahogamiento de Matilda, su esposa. Seguía refiriéndose a Leah como su esposa... Desesperada como estaba por dormir, no lo haría. Y sin dormir, no tenía ninguna posibilidad de volver a casa. Estaba atrapad

