Pía se levantó de la mesa e hizo un amago de salir de la concina. Alma colgó y se dirigió a ella. —¿Ya no quieres las galletas? —le preguntó Alma. —Encuentro que eres una persona con un apetito s****l normal —comentó Pía. —¿Qué quieres decir? ¿Por qué dices eso? ¿A qué viene el comentario? —preguntó Alma, cruzó los brazos sobre su pecho y le sostuvo la mirada. —¿Por qué no tenías relaciones íntimas con Marcel? —preguntó. —Creí que habías dicho que leíste todo el expediente y que ya no teníamos que hablar de eso —le recordó Alma. —¡Siempre confundes todo! Aquella fue una conversación en mi consultorio, yo como terapeuta, creí haberte oído decir que yo era tu amante —contestó Pía desafiante. —¡No entiendo a qué vienen las preguntas, ni la desconfianza! —respondió Alma que había vuelto

