Francescca
Abrí la puerta de la oficina esperando encontrarme con la mirada arrogante de Malek, pero para mi sorpresa él no había llegado, me extrañó no encontrarlo a esta hora, ya que, él siempre solía llegar temprano. Solté un suspiro, al menos podría trabajar fuera de su mirada de halcón. Comencé a ordenar los documentos de los archiveros faltantes hasta que me percaté que faltaban algunos expedientes, decidí buscarlos en el escritorio haciendo caso omiso a la regla número uno de Malek.
—Diría que lo siento, pero realmente no lo hago —me dije a mí misma mientras buscaba los archivos faltantes.
Logré encontrar los documentos que buscaba y después decidí regresar a mi lugar antes de que Malek llegara y me descubriera husmeando en sus cosas o eso pensaba hasta que cuatro fotografías sobre su librero llamaron mi atención.
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Mi lado razonable me decía que ignorara esas fotografías y continuara con mi trabajo, pero mi parte curiosa logró convencerme de tomarlas, era un portarretratos color plata que adornaba la imagen de un niño pequeño sentado en el regazo de un joven, se trataba de Malek.
Mis ojos se posaron sobre cada una de las personas que aparecían en los retratos.
En un de ella aparecía un joven de mirada profunda parecida a la de Malek; sin embargo, los ojos de ese chico desbordaban ira y maldad. Decidí ignorar ese pensamiento y dirigí la mirada hacia al niño que se encontraba en el regazo de ese hombre joven; sus ojos grises se clavaban en el joven desbordando admiración, una mirada seria y sigilosa que ya había visto antes. Ese niño era Malek y por el parecido familiar entre ellos, podría apostar que ese joven podría ser su hermano. Pasé a la segunda fotografía donde aparecían tres personas, el primer rostro en el que me enfoqué fue el de un chico que se veía de la misma edad que Malek, ambos tenían los ojos color gris y sus rasgos eran similares. casi idénticos, eso me llevaba a pensar que se trataba de un posible segundo hermano, él sostenía en un abrazo a Malek y a una chica, ella era castaña de ojos color avellana y al igual que el chico tenían rasgos parecidos, tal vez se trataba de hermana.
Tomé en mis manos el tercer portarretratos en donde aparecía Malek con el primer chico, ambos tenían esa mirada inexpresiva, pero se mantenían unidos y el último portarretratos aparecía la chica abrazada de Malek, su sonrisa era sincera parecía que ambos se divertían en el momento en que habían tomado la foto; sin embargo, en ninguna de esas fotografías aparecía el hombre que llevaba a Malek en su regazo.
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Me pregunto la razón por la cual nadie sabe acerca de la vida de Malek, es como si él estuviera escondiendo algo bajo esa fría máscara que muestra todos los días, acaricié con la punta de mis dedos el portarretratos intentando encontrar respuesta a la misma pregunta que surgió desde el momento en que llegué a este lugar.
—¿Qué es lo que escondes Malek Eljal? —Entonces la puerta de la oficina se abrió dejando entrar a Malek, quien me miró confundido al ver el portarretratos en mis manos.
—¿Qué haces con eso? —Inmediatamente me quitó la fotografía —. Creí haberte dicho que no tocaras mis cosas.
— Es una fotografía, sino quieres que nadie la vea entonces no deberías dejarla a la vista —defendí, al menos no tenía que dar una explicación del porque la tenía.
—Las dejé ahí porque no esperaba que una novata entrometida husmeara en mi oficina —apreté mis puños, mi paciencia había llegado a su límite.
—¡Basta! —Alcé la voz —. Traté de ser paciente, pero todo tiene un límite —Malek no se inmutó ante mi reacción —desde que llegué me has hecho la vida miserable ¿en verdad eres mi mentor o solo pretendes serlo por alguna razón?
—No entiendo de que hablas.
—Has menospreciado mi trabajo desde que llegué aquí, al principio creí que eras diferente, pero ahora sé la verdadera razón.
—Y según tú ¿cuál es esa razón?
—Me ves como una amenaza —y por primera vez Malek soltó una carcajada.
—¿Tú? ¿Una amenaza? Te estás dando demasiada importancia, novata —esta vez fue mi turno de sonreír.
—Puedes decir lo que quieras, pero tú... —lo señalé con mi dedo índice —temes que una mujer te robe tu amado puesto, eres un machista que hará cualquier cosa para denigrar el trabajo de una mujer.
—¿Así que eso crees? —Él se acercó peligrosamente hacia mí —. No pretendas saber que me conoces porque te llevarás una gran sorpresa.
—¿Acaso crees que no me doy cuenta? —Siseé —¿recuerdas el nombre de Varick Bauer? Bien, estoy consciente de los trucos tan sucios que utilizaste en el pasado para obtener el puesto que tienes ahora.
—¿Cómo sabes eso? —El rostro de Malek se encontraba sereno, pero sus ojos reflejaban confusión.
—Porque Varick Bauer es mi prometido.
[...]
Malek
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Las palabras de Francescca hicieron eco en mi cabeza ¿cómo era posible que una mujer como ella estuviera con una escoria como Varick? Estaba claro que ella creía que su amado noviecito era una perita en dulce, cuando en realidad no era así y yo era un testigo de eso. Bauer fue mi competencia en Chicago, un hombre que solía utilizar métodos sucios para poder ganar sus casos. Sobornaba a la contraparte para poder ganar o en ocasiones mentía en las declaraciones, él quiso hacer lo mismo conmigo, pero no acepté su juego. Gracias a eso lo vencí y tomé el lugar que él deseaba. Ese día gané un mejor puesto y un enemigo.
Observé como Francescca abandonó la oficina totalmente molesta, sentí la necesidad de retenerla y explicarle la verdad, pero no me atreví; sin embargo, admito que me sentí ofendido la forma en la ella me acusó de robar el puesto de Varick, pero había una segunda parte de la historia que ella ignoraba y era clara la razón. A Varick no le convenía que Francescca se enterara de la verdad porque su compromiso se iría a la mierda. Pero a cambio de eso, ella tenía una falsa idea de mí, desde que tengo memoria se han inventado miles de rumores acerca de mi persona los cuales no desmentí, me daba igual lo que la gente pensara de mí y mientras esos rumores estuvieran en boca de toda la gente, al menos se mantendrían alejados de mi vida personal. No me interesaba que la gente conociera mi oscuro pasado.
Pero ¿por qué demonios me importaba la opinión de esa novata?
Sentí una opresión en el pecho, había algo en esa mujer que me traía amargos recuerdos.
—Bien hecho Malek —tomé las fotografías entre mis manos y las guardé en el primer cajón de mi escritorio, debí quitar esas fotografías hace tiempo.
Nunca vi que Francescca como una mujer incapaz en esta área, al contrario, amé el brillo que encendieron sus ojos cuando comencé a relatar los hechos de mi caso, era increíble ver a alguien que compartía la misma pasión que yo en el trabajo, admito que no me agradó la idea de trabajar en equipo, ya que, tengo mis razones, pero con Francescca hice una excepción, con su esfuerzo y determinación me hizo darme cuenta que tiene potencial para ser una excelente abogada penalista.
Tengo mis razones para desconfiar de las personas, por eso tomo mi distancia con ella, pero lo que sucedió hace un momento me hizo darme cuenta que con estas absurdas peleas no llegaremos a nada bueno, así que, tendría que bajar un poco la guardia con ella, pero mi lado orgulloso e introvertido se negaba a ceder. No sé cuánto tiempo pasó desde que la novata se fue, pero cuando mi reloj marcó las cuatro en punto la puerta de mi oficina se abrió dejando entrar a una muy molesta Francescca, ella comenzó a ordenar los archivos que había dejado esparcidos por toda la oficina sin ni siquiera mirarme a los ojos.
Bien, era ahora o nunca.
—Novata —ella me ignoró, supongo que no le gusta el sobrenombre que le puse —Francescca.
—Abogado Eljal —me sorprendió el tono tan formal que utilizó al decir mi apellido —. Debido al incidente de los últimos días considero que para el bien del caso y de nosotros dejemos de trabajar juntos.
La novata resultó ser muy impulsiva, era increíble no pudiera tolerar una simple pelea y después renunciar. Sin embargo, no me opuse a su decisión, si ella quería irse no era mi problema, es más, volvería a trabajar solo y la tranquilidad de mí oficina volvería a la normalidad.
—Haz lo que quieras —Francescca tomó su bolso y salió sin ni siquiera mirarme.
Al verla atravesar la puerta de mi oficina ni pude evitar llevarme una gran decepción, creí que ella tenía lo que se necesitaba para trabajar a mi lado y por un momento deseé trabajar con ella, pero terminó decepcionándome igual que el resto.
Creo que después de todo ella y Varick Bauer son tal para cual.
[...]
Francescca
—Se abre la sesión, ingresa a la sala el honorable juez Michael Robinson —todos nos pusimos de pie para recibir al juez y dar inicio a la sesión.
—Abogada Sanders puede iniciar.
—Muchas gracias su señoría —Clary se puso de pie y se colocó al frente de los presentes —. Nos encontramos aquí porque mi cliente, la señora Tomilson desea la custodia de las menores Marissa y Kathereen Tomilson.
Observé con cuidado los movimientos de Clary, vestido color gris la hacían ver segura e intimidante, ella se veía dispuesta a defender los derechos de su cliente y no iba salir de esta audiencia sin haber ganado el caso, de eso estaba segura, después de todo ella tenía los argumentos suficientes para ganar. Bruno Tomilson era un hombre alcohólico y golpeador que maltrataba a su mujer y a sus hijas, por eso Sandra decidió separase de él, pero el muy cínico prometió cambiar e ir a un centro de rehabilitación, pero todos sabemos que alimañas como Bruno jamás cambian y al obtener la negativa por parte de su mujer contrató a un abogado para tener la custodia de sus hijas.
Leí el caso con detenimiento y asesoramos a Sandra en todo momento, yo solo era el apoyo, puesto que Clary era la abogada principal del caso, desde que me separé del caso que llevaba Malek decidí ir al área de derecho familiar y a pesar de que Clary resultó ser una excelente compañera su área, no me llamaba para nada la atención.
—¡Eso no es verdad! —El grito por parte de Bruno me sacó de mis pensamientos.
—Abogado Roberts calme a su cliente —ordenó la juez.
—Su señoría, tengo pruebas en donde se demuestra que el señor Tomilson ha maltratado física y psicológicamente a su mujer y a sus hijas —el tono brusco y determinante que usó Clary me sorprendió ¿dónde había quedado la chica dulce y amable? Eso demostraba lo profesional que era en su trabajo.
Clary se acercó al juez y le mostró los estudios médicos y psicológicos que les fueron realizados a las niñas, después de la noche que Bruno las golpeó cuando regresó a su casa a la mitad de la noche totalmente ebrio, además quiso abusar sexualmente de su mujer. El juez tomó los documentos y los leyó detenidamente mientras que el abogado de Bruno trataba de buscar un argumento coherente.
—Esta corte tomará un receso y dictaré la sentencia dentro de diez minutos —todos nos pusimos de pie y salimos de la sala.
—Todo está saliendo tal y como lo planeamos —susurró Clary.
—Ese hombre no tiene oportunidad, además él no merece la oportunidad de tener a esas dos niñas —Clary asintió, todavía recuerdo el rostro temeroso de esos angelitos a causa de las adicciones de su padre.
—En eso tienes razón, pero no te ves muy convencida —miré confundida a mi amiga.
—¿Qué quieres decir?
—Me apoyaste mucho en el caso, pero esto no es lo tuyo, a leguas se nota que no disfrutas esta área.
—Eso no es verdad —admití.
—Franny, no puedes engañarme. Tal vez, deberías reconsiderar retomar el caso de Malek —sugirió, la miré horrorizada. Debe estar loca.
—¡Sí, claro! ¿y rogarle a ese idiota prepotente? —Clary negó, ella iba a decir algo más, pero se vio interrumpida cuando todos comenzaron a entrar de nuevo a la sala —Vamos.
Tomamos nuestros lugares esperando la sentencia que dictaría el juez, Tomilson se encontraba nervioso y no dejaba de frotarse las manos mientras que su abogado permanecía callado mirando detenidamente a Clary.
—Analizando las pruebas, la custodia de las menores Marissa y Kathereen Tomilson será otorgada a la señora Sandra Tomilson.
—¿Qué? ¡No lo voy a permitir! —Gritó Bruno!
—Está decidido, se cierra el caso.
—Pónganse de pie para despedir al honorable juez Robinson —todos nos pusimos de pie y una vez que el juez salió nos dispusimos a salir de la sala.
—Muchas gracias —sollozó Sandra —. No tengo como agradecerles por permitir tener la custodia de mis niñas —Clary le ofreció un cálido abrazo.
—No tienes de que preocuparte, lo importante ahora es que vivas feliz con tus hijas lejos de ese hombre que no supo valorarlas, además tuve ayuda de la abogada Trembley —Sandra me miró para después envolverme en un abrazo.
—Muchas gracias.
—No tiene nada que agradecerme, me alegra que por fin usted y sus hijas puedan vivir la vida que se merecen —dije con sinceridad, Sandra asintió y después salió del lugar.
—¡Ganamos el caso! —chilló emocionada, volvió la chica que conocía. Jamás había conocido la faceta seria de Clary hasta hoy.
—Felicidades —sonreí.
—No lo habría hecho sin tu ayuda, somos un gran equipo.
—Estoy de acuerdo en eso —admití, tal vez trabajar con Clary no es mala idea después de todo.
—Sino decides volver a trabajar con Malek, ya sabes que puedes contar conmigo —tomé las manos de Clary y sonreí agradecida.
—Muchas gracias, pero creo que seguiré probando cosas nuevas —ella arqueó un ceja —. La próxima semana trabajaré con Candace y Joseph.
—Bueno, en lo que decides debemos celebrar que ganamos el caso —ella parecía emocionada.
—¿Qué tienes en mente?
—Este domingo organizaré una parrillada en mi casa con todos los miembros del bufete y espero verte ahí —eso sonó más como una orden que una invitación.
—Ahí estaré.