Los latidos del corazón de Gianfranco parecían escucharse en toda la pérgola, se incorporó se reflejó en la azulada mirada de Marypaz, la agarró por la nuca y la besó con desesperación. Marypaz forcejeó con él, lo empujó. —¡Imbécil! —exclamó ella, resoplando—, te comportas como un niño chiquito buscando llamar mi atención. ¿Crees que soy boba? ¿Piensas que no me di cuenta de que fingiste? Gianfranco sacudió la cabeza, su rostro se desencajó por completo. —Entonces tu preocupación, ¿fue mentira? El corazón de Marypaz latía desaforado, claro se había dado cuenta de que él fingió. —Por supuesto, quería saber hasta dónde eras capaz de llegar con ese show. —Se puso de pie, respiraba agitada. Gianfranco también se levantó, y se paró frente a ella. —Y supongo que decirme que me ama

