Christopher y Marypaz también caminaban por la hacienda, ambos en silencio, el mayor de los hermanos estaba enfadado con ella. —Me mentiste, tú y yo teníamos un acuerdo, quedamos en que, si te sentías mal, regresarías a casa, no lo hiciste. Marypaz apretó los labios. —No pude, yo te prometí eso porque no sabía que en este lugar conocería al amor de mi vida —declaró—, y ya nada me importó más que estar con él. —Suspiró profundo. —¿Por qué insistes en llevarme? —preguntó balbuceando, no había querido mencionar el tema, sentía temor, percibió un escalofrío cuando se atrevió a cuestionar a su hermano. —Requieres volver a las sesiones de quimioterapia —expresó Christopher, la garganta se le secó—, los estudios que te hicieron aquí mostraron que aquella masa, sigue aumentando de tamaño,

