Marypaz le avisó lo que vio. Ludovica lo negó todo. —Tengo pruebas. —La voz de Ana Paula se escuchó—. Yo venía filmándome, haciendo un video, cuando desde el taxi vimos el ataque, y lo grabé. —Se lo mostró a Gianfranco. El joven Rossi sintió como la vena de su frente saltaba, se acercó a Ludovica vuelto una fiera salvaje, la agarró de los hombros, la zarandeó. —¡Lárgate! —vociferó iracundo, parecía que sus ojos destilaban fuego. —¡No quiero verte en lo que me queda de vida! —Pero… —Ya escuchaste peliteñida, larguirucha, escuálida —musitó Ana Paula, la agarró del cabello—, muy valiente con animales indefensos, ¿no? —cuestionó mientras tiraba del cabello de Ludovica hacia atrás—, pues ahora enfréntate conmigo, bruja. Ana Paula no se contuvo, lanzó a Ludovica al piso, y entre las do

