Marypaz frunció el ceño, apretó los puños. «Respira, no te alteres, aunque esta mujer está buscando que le dé una arrastrada» Gianfranco separó a Ludovica de su lado, tampoco le agradó que lo agarrara de ese modo. —¿Qué quieres? —preguntó él a secas. —Saludarte, el hecho de que ya no seamos novios, no quiere decir que no podamos ser buenos amigos. ¿Estás solo? —preguntó con ironía, ignorando a Marypaz. —No, él no vino solo, está conmigo, así que aquí sales sobrando —expresó Marypaz con vos firme, la miró con esa expresión fulminante. —Perdón, no te había visto, es que eres tan… —¿Tan qué? —cuestionó Marypaz la empujó. —Insignificante —contestó Ludovica, apretando los dientes. —¡Basta! —exclamó Gianfranco. —No te entrometas —advirtió Marypaz—, esto es entre esta bruja y yo

