Marypaz se atragantó con el jugo de naranja que bebía, empezó a toser, agarró una servilleta. —¿Qué? —cuestionó sorprendida—, que yo recuerde a usted señor conde, no le agrada tener a mi Betito a su lado. Gianfranco se acercó lentamente hacia el sitio en el cual estaba el canino, como ya le había funcionado la estrategia de darle croquetas, esta vez le mostró una galleta, Beto no pudo resistir la tentación, y con cautela se aproximó, el hombre colocó el snack en su palma y el perro de inmediato se lo llevó en el hocico. «Beto, eres un traidor» Marypaz frunció los labios. «Este conde de vino agrio, está decidido a conquistarme, vaya que invitarme al comedor» —En mi familia somos muy educados, y no nos negamos a una invitación, pero si me invita a mí, se vienen conmigo Inesita y mi

