Julia nunca lo había visto sonreír. Desvió la mirada hacia la gran botella de vino que había sobre la mesa y reparó en que estaba vacía. Jason estaba borracho. —¿Te gusta trabajar en mi empresa? —preguntó sin apartar la vista del vaso que sostenía. —Sí, me gusta. Y gracias por darme esa oportunidad. —Bien. Me gustan los diseños, y a mis clientes también —dijo con una sonrisa. Julia no supo si seguían hablando de cómo se sentía trabajando en la empresa o si Jason se refería a los diseños del proyecto. —Hiciste un buen trabajo —añadió él. Jason parecía mucho más relajado. Le hizo una pregunta tras otra, pero Julia apenas podía seguir el hilo de la conversación: con cada nueva pregunta, él cambiaba de tema. Abrió la puerta de la limusina, salió y tiró de Julia para q

