El día transcurrió sin incidentes. Julia y Jason permanecieron en sus respectivas habitaciones hasta que cayó la noche. Horas después, mientras Julia dormía, una mano le cubrió la boca y el filo de un cuchillo se apoyó bajo su barbilla. Abrió los ojos, sobresaltada, pero la oscuridad le impidió distinguir a su atacante. —Shhh. Haz un solo ruido y te corto la garganta. ¿Entendido? —la amenazó una voz masculina y ronca. Julia asintió. Las lágrimas se agolparon en sus ojos mientras el miedo le hacía temblar todo el cuerpo. —Ahora vas a levantarte de la cama y saldrás de esta habitación conmigo sin hacer ruido. Ella volvió a asentir. Apartó las sábanas y puso los pies en el suelo, siempre con el cuchillo bajo la barbilla. En cuanto se levantó, el hombre se situó a su espald

